Cuando conocemos a alguien, la percepción de esa persona se ve afectada por nuestras historias personales, creencias, educación, etc. eso inevitable
Pensamos que la forma en que tenemos de ver las cosas, la forma en que fuimos educados, es la más adecuada. Por ello queremos que las personas que amamos sean como nosotros pensamos que deben de ser y tratamos de cambiarlas en vez de aceptarlas como ellas realmente son.
En las relaciones de pareja, las cosas se complican ya que tendemos a idealizar a la persona amada. Por otra parte, cuando entramos en una relación tratamos de agradar al otro y por ello, ajustarnos a lo que la otra persona considera “su pareja ideal”
Adaptarse a una relación no presenta ningún problema. La complejidad viene de la sinceridad del cambio. Cambiar es complejo. Muchas veces podemos modificar conductas pero hay ciertos aspectos de nuestra personalidad que son muy difíciles de modificar. Cuando el cambio no es sincero, dura poco tiempo ya que es solo “de dientes para afuera”. Es un cambio solo para conseguir algo y no por autentica convicción
Para muchos la idea de estar solos y no tener una pareja es insoportable. Como camaleones se adaptaran y mentirán sin importar si va en contra de su esencia a fin de no estar solos
Como los cambios duran poco tiempo, después la otra persona se siente traicionada, o no reconoce a la persona y exclama extrañado “ha cambiado tanto…”. La verdad es que no ha cambiado simplemente finalmente está siendo quien siempre fue
Pareciera que vivimos en la eterna disyuntiva de arriesgarnos a ser como somos y que tal vez no nos acepten así; o tener que cambiar o maquillar ciertos aspectos de nuestra personalidad para ser aceptados y amados.
Es cierto que todos al principio de una relación hacemos cosas para agradar al otro y no nos pesa, pero ¿hasta cuándo y cuanto? ¿Dónde está esa delgada línea de hacer lo que uno verdaderamente quiere y ser verdaderamente quienes o hacer algo para ser querido?
Paradójicamente, tener una relación de pareja no implica decir que ambos están de acuerdo en todo, o que solo tengan similares gustos e intereses. Tiene que ver con el respeto ante las diferencias y la aceptación de las mismas.
Probablemente la mejor herramienta para una relación sana sea el no engañarse y conocer a las personas tal cual son, aceptarlas y amarlas así, el éxito en la relaciones tiene que ver más con el aceptar y poder convivir con los defectos del otro que con sus cualidades. El enamorarse de las cualidades del otro no representa ningún reto. Es fácil enamorarse de alguien físicamente agraciado, responsable, puntual, inteligente, con gran sentido del humor, que no pierde la paciencia. El reto es aceptar que esos defectos no va a desaparecer y que solo un defecto puede opacar todas las cualidades e imposibilitar la convivencia
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