La diversión como responsabilidad creadora
Mi marido y yo, procuramos ya sea los viernes o los sábados, acudir algún restaurante. Nos encanta probar comida y bebida nueva, charlar, darnos kikos y reírnos mucho. Cuando platicamos, casi siempre ocurre, que mi marido comenta algo tan interesante, que enseguida comienzo a elucubrar la manera de seguir después el hilo, mediante un texto en el que escribiré. Mi marido es para mí, como para Germán Dehesa, era su famosa “Hilary”. Una fuente de inspiración constante, entre sus destellos de genialidad y sus apagones de memoria.
Fue precisamente en uno de estos destellos, que el día de ayer, dijo una frase que me llenó primero de duda, y más tarde de inspiración. Comentó, que la palabra “Diversión”, ha sido devaluada en nuestro tiempo, me explicó sus razones y coincidí totalmente. Me decía por ejemplo, que cuando alguien le pregunta: ¿y a ti, cómo te va en tu trabajo?_, él siempre contesta: me divierto mucho_ y en seguida el “otro”, pone ojos de huevo cocido. Cómo preguntándose, quién se puede divertir mientras trabaja y entonces, comienza a relacionar erróneamente, su respuesta como una contestación cargada de irresponsabilidad, locura y juego.
Si nos remitimos al signo lingüístico y su significado, sería comprensible pensar de ese modo. Pero cuando rompemos los paradigmas y cambiamos con ello, el significante, es decir la representación mental que hacemos de un significado, las cosas cambian y cambia nuestro mundo. Quien verdaderamente disfruta lo que hace, imprime una pasión distinta en lo que construye. Se divierte “siendo”, lo que implica una enorme congruencia del ser interior.
La diversión, está íntimamente relacionada con lo lúdico y con nuestra capacidad de volver a ser niños, en donde el infante disfruta a plenitud lo que sueña, es decir, vive lo que sueña, no sueña lo que vive. Sí todos viviéramos bajo este esquema, rompiendo nuestros propios paradigmas, lograríamos lo inimaginable. Seríamos capaces de materializar nuestros sueños, disfrutando a cada instante de nuestra existencia con responsabilidad creadora.
Mi “Hilary masculino”, es exactamente así. Vive y disfruta y se divierte, intensamente en su vida entera. Cuando sea más grande, quiero ser como él.
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