Hace unos cuantos días se conmemoró el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, al que desde 1999 se le dedica cada 25 de noviembre. Con tal motivo me puse a pensar en el cúmulo de situaciones que todavía se presentan en México en el rubro de las agresiones a las mujeres.
No hay que ir tan lejos para darnos cuenta de la recurrencia de estos hechos a lo largo y ancho del país. Un caso paradigmático que para sorpresa de todos se sigue registrando es el de las tristemente célebres Muertas de Juárez, que nos llena de rabia e indignación.
En nuestros días, es inmenso el conjunto de atropellos y hostilidades que se registran en los ministerios públicos tan sólo en un día –ya no se diga en cualquier semana o mes elegido al azar–, sobre todo en lo referente a la violencia intrafamiliar, con cientos, miles de mujeres golpeadas o humilladas por agresiones verbales en sus propios hogares. Y eso que no hablamos de la enorme discriminación laboral que padecemos.
Por eso, hoy quiero referirme especialmente a una mujer que tanto ha luchado en favor de nosotras, de nuestros derechos, en diversos planos de la vida social y política. Me refiero a Rosario Guerra, destacada política, ex diputada, quien fue terriblemente agredida por verdaderos salvajes en una asamblea del Partido Revolucionario Institucional (PRI), al que pertenece.
De acuerdo con la información aparecida en los más diversos medios impresos y electrónicos, el diputado local Cristian Vargas Sánchez, conocido como el dipuhooligan por sus desmanes y actos violentos, golpeó en el rostro a Rosario porque ella no quiso entregarle unas actas, que él no tenía por qué pedir, pues carece de autoridad electoral interna. Y aunque hubiera tenido razones para solicitar esos documentos, en ningún caso podría aceptarse la agresión física. Esto ocurrió durante el registro de planillas para renovar el Consejo Político del PRI en la capital del país.
En su denuncia penal contra Vargas, Rosario Guerra aseguró que este la golpeó en la cara y la cabeza, e incluso incitó a otras personas para que la agredieran; de ahí que resultara muy lastimada y tuviera que ser hospitalizada de emergencia.
Ahora será muy importante que la respectiva comisión del PRI local e incluso las autoridades nacionales de ese partido juzguen estos hechos inadmisibles y se proceda a castigar con rigor a los agresores de Rosario Guerra, para sentar precedente en contra de esa nefasta práctica de resolver a golpes las diferencias políticas. De no ser así, unos y otros en el Revolucionario Institucional perderán autoridad moral y política, y el daño al partido por parte de esos rufianes será irreversible y notable frente a la proximidad de las elecciones del 2012. También esperamos la respuesta de las averiguaciones de la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal para preceder en contra de los agresores.
Es el momento de actuar y testimoniar lo que se establece en la plataforma ideológica y programática de ese instituto político para que no sea letra muerta, sino guía y lineamiento aplicable en aras de la congruencia y credibilidad frente a la sociedad, y particularmente, ante los votantes.
Muchas conocemos a Rosario como amiga y aliada de buenas causas en el marco de la pluralidad y libertad de expresión de nuestros tiempos. Por eso y porque sabemos que la razón está de su lado, le mandamos nuestra más plena solidaridad.
¡Estamos juntas y vamos contigo, apreciada Rosario!
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