Hola mis queridas amigas:
En este mundo, abundan las nacionalidades, las etnias, cada una con un nombre y mil costumbres distintas, pieles de distintos colores, ojos con diversos matices, pero hay algo en lo que pocos reparan, algo tan sencillo como la palma de la mano, que no importa si eres negro, latino o del rincón mas remoto del Asia, la palma de la mano en todos, por algun extraño designio del que sí sabe son prácticamente iguales. Esos que miran la palma de tu mano, antes que el color de tu pelo, son los verdaderos ciudadanos del mundo.
Hoy una noticia me ha conmocionado, el asesinato a sangre fría de uno de ellos, el maestro Facundo Cabral. Dicen que el artista verdadero debe conocer para expresar y transmitir y Facundo conoció quizá mas que muchos de nosotros, detrás de sus letras que repetían incesantemente la fé y la esperanza, hay una historia trágica, que lo forjó a fuego.
En el año de 1937, la familia de Rodolfo Enrique Facundo Cabral vivía en la casa de los abuelos paternos del futuro cantautor y estaba conformada por su padre, su madre embarazada y siete hermanos mayores. Un buen día, el padre de Facundo abandonó el hogar, y dado esto, su abuelo los echó a la calle sin mayores miramientos. Al día siguiente del hecho, un 22 de mayo, Facundo vería la primera luz en mitad de una calle de la ciudad de La Plata de la República Argentina. La constante de sus primeros años de vida sería la pobreza, una pobreza dolorosa aderezada por una hambre que de tanto sentirla deja de llamarse hambre, lo que lo obligó a los 9 años a abandonar su casa en Tierra de Fuego desapareciendo durante cuatro meses con un sólo propósito: ver al presidente Juan Domingo Perón, quien tenía fama de dar trabajo a los más pobres.
Valiéndose de cuanto pudo recorrió los 3,000 km desde su ciudad hasta Buenos Aires y por fin llegó a la capital de su país, en donde con artimañas logró burlar el cerco al rededor del presidente y su esposa Eva Duarte, quienes lo recibieron y charlaron con él. Durante los noventa en una entrevista, Facundo diría que tras escucharlo, Eva dijo "Por fin un pobre viene aquí a pedir trabajo y no limosna" y esto le valió para que su madre pudiera al fin conseguir un empleo y mudarse a Tandil.
A los nueve años, Facundo ya era un marginal con todos los vicios que trae con sigo esta condición, compartiendo que para entonces ya era alcohólico y que a los catorce años estuvo en prisión víctima de su caracter violento. A su llegada al reformatorio, las autoridades supieron que la futura estrella era analfabeto y un sacerdote jesuita que prestaba ahí servicios le enseñó a leer y a escribir; el sacerdote al percatarse de su inteligencia lo motivó a hacer estudios de primaria y secundaria y lo puso en contacto con la literatura universal. Facundo terminaría entonces los estudios básicos dentro del reformatorio en tres años, en lugar de los doce que aplica el programa de estudios en la Argentina.
No obstante que su vida dentro del reformatorio había dado un giro de 180 grados, él ansiaba la libertad... eso lo impulsó a escapar de ahí un año antes de que terminara su condena. Con 17 años y un pasado oscuro, Facundo recorrió las calles durante semanas, donde se ganaba la vida cantando a capella, hasta que la vida le puso frente a él un vagabundo, quien le daría la lección mas importante de su vida.
"Empecé a cantar con los paisanos, con la familia Techeiro. Y el 24 de febrero de 1954, un vagabundo me recitó el sermón de la montaña y descubrí que estaba naciendo. Corrí a escribir una canción de cuna, Vuele bajo, y empezó todo".
Un año después, con el seudónimo del Indio Gasparino, conseguiría trabajo en un hotel, donde empezó a cantar profesionalmente, pero fue hasta 1970 y ya con su verdadero nombre que el éxito tocó a su puerta, cuando popularizó la canción No soy de aqui ni soy de allá. Irónicamente, la canción que le dio el éxito y el reconocimiento internacional se convertiría a la postre en una especie de epitafio: con ella cerró el ultimo concierto de su vida, el pasado jueves en la ciudad de Guatemala.
A los 40 años, durante un viaje a los Estados Unidos, Facundo tendría la suerte mágica de encontrar de frente el amor. En un restaurante vió de lejos a una chica hermosa, de 18 años, quien comía con sus padres. Haciendo uso de su pésimo inglés se acercó a ella y le dijo "Tú eres la mujer de mi vida", pero ella no podía entenderle, así que tuvo que convencer a un mesero de que se lo tradujera a la joven. Aquella mujer lo miró detenidamente y luego dejó su asiento diciendoles a sus padres "Me voy con él", comenzaría entonces un hermoso viaje de 5 años, durante el que tuvieron una hija, viviendo juntos, sin casarse por ninguna de las leyes aceptadas. Con el éxito y la felicidad en sus manos, gozando lo que para muchos sería una vida perfecta, Facundo estaba una noche en medio de una presentación en la ciudad de Nueva York, uno de los miembros de su equipo irrumpió entonces en el escenario y le dijo un par de palabras al oído. Facundo quedó como mudo unos segundos, luego se repuso, tomó el micrófono y dijo: "amigos, me acaban de comunicar que ha habido un accidente de avión y han muerto mi esposa e hija que se dirigían acá. Como ustedes acaban de pagar la entrada y han venido a oirme cantar, únicamente les pido un minuto de silencio. Luego continuaré con el show. El show debe continuar." Tras el minuto de silencio, continuó con su actuación. El cantautor nunca volvió a formar una familia.
Con el tiempo, sus letras se volvieron de crítica social, situación que lo llevó a ser exhiliado de Argentina en 1976, radicándose entonces en México, donde continúa escribiendo. Vuelve a ver su patria hasta el año de 1984, después de la caída de la dictadura. Por ese tiempo es que ve por primera vez en su vida a su padre biológico, ya anciano, Facundo tenía para entonces, 46 años de edad.
En 2009, un tumor en el páncreas le daba sólo algunas semanas de vida, a decir de los médicos, Facundo confiesa entonces que empezó a disfrutar aún más de los momentos extra.
“Es imprudente pedirle a Dios que me dé más tiempo. Ahora, puedo decirle a todos, lo grave es no vivir el presente”.
Su tiempo terminó este nueve de julio, pero no como quienes nos deleitamos un día con su música podíamos imaginar. Mientras su auto se dirigía al aeropuerto a las 05:20 de este día para tomar un vuelo a Nicaragua, 18 tiros atravesaron la endeble resistencia del vehículo haciendolo perecer e hiriendo al representante artístico que lo acompañaba. Los guardaespaldas repelieron el ataque e intentaron llevarlo a recibir atención médica de inmediato después del tiroteo, condujeron el vehículo hasta la estación de bomberos mas cercana. Todo resultó inutil, él ya había muerto. "Si el malo supiera el gran negocio que es ser bueno, sería bueno aunque sólo fuera por negocio". La violencia contra la que tanto cantó terminó con su vida mortal, pero la vida verdadera del poeta de la guitarra, nadie podrá borrarla.
Y me tomo la libertad de citar una de sus frases, que creo sería la mas adecuada para recordarle en este momento:
" Nunca voy con los que lloran y siempre con los que cantan. Los paisanos de mi pueblo cuando tienen un dolor, en lugar de andar llorando, cantan debajo del sol."
HASTA LUEGO, JUGLAR.

Comentarios
Estimada Kenia:
Buenas noches, el regalo mas grande sus palabras, su música, sus letras, su actuar ante la vida, su silencio, su andar...
..."Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo. Tenemos para gozar la nieve del invierno y las flores de la primavera...Facundo Cabral".
Indiscutiblemente un hombre universal, importante recordar su historia, sus hechos y su crónica como nos lo has compartido hoy.
Recibe un cordial saludo.
Edith.
El Hombre, el Poeta, el Cantante...FACUNDO CABRAL.
Su muerte seguirà dandole vida. Su misiòn no termina.
Un Ser de alma hermosa, ejemplo de vida. Que apesar de los devaneos que sufriò en su existir y la oscuridad en que se viò sumerjido, emergiò de las profundidades al ver las señales y las entendiò, Hombre que al cantar filosofando y filosofar cantando, emanaba luz.
Cito una frase de el, ahora muy acorde:
El dia que yo me muera
no habrà q usar la balanza.
Para velar a un cantor,
con una canciòn alcanza.
Ana Kennia...Gracias por tu blog , en memoria de un hombre memorable.