ESCUCHA A TU CORAZON



Pinzelkinder.jpg&h=200&w=200&zc=1Escucha a tu Corazón

Hoy tuve una vivencia asombrosa con mi hija de 4 años.  Se encontraba jugando conmigo, mientras su  hermanito menor, de 18 meses estaba con sus abuelitos.  Al anunciar papá, que iría a recogerlo, mi hija se puso muy molesta, diciendo que “no quería a su tonto hermano cerca”. Como ya tenía un tiempo expresándose así de su hermano, le pregunté qué le había hecho cambiar su opinión con respecto a él; “no hace mucho tiempo te alegrabas cada vez que lo veías, cuando regresabas del Jardín de Niños, incluso lo defendías cuando te parecía que lo tratábamos injustamente. Siempre te la pasabas dándole besitos y abrazos. ¿Por qué hablas ahora así de él? ¿Ya no lo quieres?”. “No”, me contestó muy firmemente.

“¿Pero por qué? ¿Desde cuándo no lo quieres?”. Y entonces se puso a pensar.

Mi hija es una niña muy perspicaz, para la que muy pocos detalles pasan desapercibidos; ve muy bien, escucha muy bien, y habla alemán muy fluidamente.  ”Desde un día”, me dice, “cuando yo quería jugar con él y me pellizcó, y entonces sentí que no debía de quererlo más”, y a este punto se le comenzó a quebrar su vocecita tierna, “y luego mi cerebro (sí, usó esa palabra) me dijo que mi hermano era tonto y que ya no debía de quererlo ni jugar con él, y que mi hermano no me quería”.

Para ese entonces yo estaba muy asombrada, pero quise seguir indagando más, así que le pregunté: “¿¿Tu cerebro te djo eso?? No tienes que creerle, hermosa. ¿Te dice muy frecuentemente cosas de este tipo?”,  a lo que me contestó, “sí, siempre me dice cosas, y mi cerebro me puso en contra de Daniel.  Mamá, el cerebro es tonto, deberíamos de cambiarlo por el cerebro de otra persona, o deberíamos decirle a Dios, ‘Dios, cámbiame mi cerebro por otro nuevo’..”. Entonces yo no pude menos que reír, y le dije que a mí también mi cerebro me decía constantemente cosas tontas; que mis niños no me querían o que otras personas no me querían, pero que yo no le hacía caso.  ”Lo que tienes que hacer, es escuchar a tu corazoncito”, le dije.  Y ante su mirada incrédula y un tanto burlesca le dije, “sí, a ver, recuéstate, y dime, ¿qué dice tu corazón?”, “Mamáaa, mi corazón no me dice nadaa”, me dijo con gesto de fastidio, pero continué insistiendo. “Es que no es fácil, pero uno se tiene que concentrar, a ver, concéntrate, ¿qué siente tu corazoncito? ¿esta triste? ¿está enojado?”.   “Ashhhh, mamaa, claro que no sé”.  ”Está bien, nena, está bien”, le contesté, y decidí dejar el experimento por la paz.  Y mientras comencé a recoger algunas cosas del cuarto, mi hija se giró en su cama, esbozó una sonrisa y me dijo, “¿Mamá?”; “¿qué, mi niña?”, “Mi corazón siente amor”.

Esto no es un relato ficticio; es algo que ocurrió hace apenas unas horas; lo que siguió después de eso, fue una hermanita emocionada que recibía con los brazos abiertos a su pequeño hermano, dispuesta a jugar y a convivir con él nuevamente.

Pienso que no hay nada más que agregar a esta historia; únicamente que, hasta los niños conocen esta verdad que muchos de adultos terminamos olvidando; “escucha a tu corazón, el cerebro (la mente) dice a veces tonterías”.

Que Dios te bendiga, y te permita ignorar un poco más a tu mente y escuchar a tu corazón.

 
Enviadme un correo electrónico cuando las personas hayan dejado sus comentarios –

¡Tienes que ser miembro de Retos Femeninos para agregar comentarios!

Join Retos Femeninos