Hola cómo están, les comparto este artículo que para mí es muy significativo y me ha ayudado a entender porque he vivido muchas situaciones de mi vida y viéndolas con este enfoque he superado más fácilmente todos los conflictos que se me han presentado hasta la fecha. Con esta forma de ver la vida se puede "Crear otra Realidad" de cada situación que se presente. Con este conocimiento ayudo a mucha gente a sanar su vida, este marco te ayuda a cambiar el resentimiento y perdonas más fácilmente, te recuerdo que los resentimientos nos enferman en todas nuestras áreas.
Este artículo lo tome del libro "Entra en la magia de la vida" de Gill Edwards.
ENTRAR EN LA MAGIA
Rema, rema en tu barca
Baja suavemente la corriente
Alegre, alegre, alegre, alegre
La vida sólo es un sueño.
Canción tradicional
Salgo de un teatro del West End de Londres y entro de pronto, de golpe, en un mundo que me resulta más familiar: las calles mojadas y brillantes donde se reflejan las luces de neón, los taxis negros que se afanan por abrirse camino entre el lento tráfico, el murmullo de la gente que sale entusiasmada de los teatros y de los cines, que se detiene para subirse el cuello del abrigo al ver la lluvia inesperada. He pasado dos horas “viviendo” en la Irlanda rural, arrebatada por las pasiones, las debilidades, las esperanzas y los miedos de una familia aislada. Olvidándome de que “no era más que una obra de teatro”, me he reído y he llorado con las vicisitudes de las vidas íntimas que se desvelaban sobre el escenario. Y ahora, de pronto, ha terminado. Vuelvo a estar en las calles de Londres, vuelvo a estar en mi propia “obra de teatro”, vuelvo al teatro que llamamos “realidad”…
Durante siglos, los místicos y los chamanes han dado a entender que la vida es un sueño, que el mundo no es una realidad física sólida sino una ilusión tridimensional. Nuestro lado izquierdo sabe que la Tierra es un teatro gigante, que nuestras vidas son obras de teatro en sí mismas, y que nosotros hemos optado por estar aquí. Nuestro lado derecho, chapoteando en su pequeña charca entre las rocas, tiende a vernos como víctimas, como pequeñas pelotas de ping pong en manos de la suerte, del azar, del destino, del karma o de la voluntad de Dios.
Puede creer que la vida es un accidente aleatorio y sin sentido, que comienza con el nacimiento y termina con la muerte: es la visión materialista. O puede creer que hemos sido “enviados” aquí, que se nos ha entregado una vida en función de nuestra conducta en vidas anteriores. O algo más extraño: que Dios sólo nos proporciona una vida, y que es una lotería la que determina si nos morimos de hambre en Sudán, si pedimos limosna en las calles de Calcuta, si componemos sinfonías en Viena o si hacemos una vida de holganza en las playas de Florida.
La “sabiduría de los antiguos” (nuestro lado izquierdo) ve la vida desde una perspectiva mucho más amplia. Tiene acceso a las realidades invisibles. Sabe que la vida es una aventura en la conciencia elegida voluntariamente. Somos seres conscientes que hemos elegido libremente volvernos físicos. (La conciencia no surgió de la materia: ¡fue la materia la que surgió de la conciencia!).
No somos víctimas. No hemos sido “enviados” aquí, ni mucho menos estamos desterrados aquí. La tierra no es un presidio para nuestras almas a las que sin querer nos atrae el drama y somos buenísimas para soportar el dolor, con la esperanza de regresar algún día a Casa. Por el contrario, la tierra es nuestro campo de juegos. Nosotros hemos elegido estar aquí. A nivel del alma, decidimos que sería divertido. ¡Qué aventura –pensamos-, habitar un Universo físico, vivir en un hermoso planeta y explorar la conciencia en forma física! ¡Qué enorme variedad de posibilidades ofrecería todo eso! ¡Qué sueño tan maravilloso sería!
Olvidemos por un momento que somos seres maravillosos de Luz, que somos chispas de Dios, que todos procedemos del Uno. Supongamos que somos individuos separados, dentro de la ilusión del tiempo y del espacio. Eso nos dará campo para desarrollar nuestra propia unidad y nuestro potencial creativo, nuestro propio carácter de Chispa. Lo que es más: nuestra ilusión de separación producirá miedo y oscuridad: un planeta de polaridad, de oscuridad y luz. Podemos jugar a un juego en el que aprenderemos lentamente a dejar brillar nuestra propia Luz y nuestro amor a través de la oscuridad, y a recordar quiénes somos.
Y así comenzó nuestro viaje, enviando chispas de nuestra conciencia, chispas de nuestra Luz, al reino mineral, al reino vegetal y al reino animal… y al reino humano.
Al principio, nuestras vidas humanas son breves y sencillas. Estamos aprendiendo a comprimir una parte de nuestra conciencia dentro de un cuerpo humano y a dominar el arte de la supervivencia. Es posible que muramos muy jóvenes, o que dediquemos todos nuestros días a recoger alimentos o a cultivar plantas, a comer, a dormir, a cuidar de nuestros hijos y a otras tareas relacionadas con la supervivencia. En esta etapa, estamos aprendiendo simplemente a ser humanos.
Con el tiempo, ampliamos un poco nuestro ámbito. Ya que hemos decidido ser físicos, la mayoría de nosotros lo somos a conciencia. Optamos por vivir casi todos los aspectos de la experiencia humana: la pobreza, el hambre, las agresiones, la criminalidad, la incapacidad física y las enfermedades graves, así como los aspectos más amorosos, alegres y creadores de la vida.
Empezamos a desarrollar conocimientos, sabiduría, y aptitudes en las que nos apoyamos en vidas sucesivas. Y empezamos a elegir “temas” que se repetirán a lo largo de nuestras vidas, tales como aprender a amar, aprender a ser valientes y arrojados, aprender a ser sinceros, aprender a ser fieles a nuestros corazones, aprender a perdonar, aprender constancia y disciplina, aprender a tener intimidad o aprender a ser libres.
Cuando hemos trazado el esquema de una vida física (eligiendo nuestra raza, nuestro sexo, nuestro entorno, el período histórico, a algunos de nuestros compañeros actores y los temas y cualidades vitales que deseamos desarrollar), ya está dispuesto el escenario para que se desarrolle la obra. Cuando llega el momento adecuado, nos tiramos de cabeza por el canal del nacimiento y asumimos el papel de un niño recién nacido. Poco a poco, nos adaptamos de nuevo a llevar un cuerpo humano y empezamos a representar el papel que hemos elegido nosotros mismos. Aprendemos a improvisar nuestro guión y nos olvidamos de que no somos más que actores, de que esto no es más que una obra de teatro. Nuestro traje nos viene tan a la medida que nos olvidamos de que lo llevamos puesto. Llegamos a creernos que todo es Real.
¿Por qué atravesamos así “el río del olvido”? Pues bien; imagínate que estás jugando un partido de tenis. Si te tomas el partido en serio y te concentras en cada golpe, es probable que te diviertas, que sientas un desafío agradable y que aprendas algo nuevo. Si juegas con desgano y te estás recordando constantemente a ti mismo que “no es más que un juego”, y que esperas la hora de volver a tu casa por la noche, es poco probable que mejores tu manera de jugar o que te diviertas. Más te valdría dejarlo. Uno de los motivos por los que olvidamos que la vida “no es más que una obra de teatro” es para tomárnosla en serio, para que estemos plenamente presentes en el mundo, lo que significa que será más fácil que aprendamos, que nos desarrollemos y que nos divirtamos.
El problema es que muchos de nosotros nos tomamos el juego demasiado en serio, lo que nos lleva a crecer por medio de la lucha y las penalidades. El secreto consiste en estar plenamente presentes en el mundo físico, en estar comprometidos firmemente a estar aquí, a la vez que somos conscientes de que la vida es, en efecto, un juego, una ilusión que estamos creando, una ilusión que podemos cambiar. Cuando aprendemos a hacerlo conscientemente (a vivir con un pie en cada mundo), la vida cotidiana se llena de magia y de maravilla.
Entonces, ¿por qué pasamos por el miedo, el dolor y el sufrimiento? Si la tierra es nuestro campo de juegos, ¿qué es lo que ha fallado? ¿Por qué creamos luchas y penalidades? Una respuesta posible es que no ha fallado nada; sencillamente, nos falta una perspectiva más amplia sobre nuestras vidas.
Imagínate que decides unirte a una expedición de la asociación Outward Bound. Mientras ojeas el folleto y mientras rellenas el impreso, te parece una gran aventura y te emocionas. Pero cuando estás allí, solo y metido en un saco de dormir mojado en plena noche, mientras la lluvia torrencial azota la lona de la tienda, o colgado de una pared de roca desnuda después de haber perdido pie, o en un kayak que se vuelca en los turbulentos rápidos, puedes preguntarte por qué demonios te has metido en una experiencia así. En esa etapa, estás tan “sumido” en la experiencia que se te ha olvidado por qué tomaste esa decisión: has perdido tu perspectiva amplia. Si te abres a tu lado izquierdo y ves el cuadro general, empieza a tener sentido otra vez. Adviertes que la experiencia te está dando valor, confianza en ti mismo, confianza en los demás, capacidad de cooperar, sentido del compromiso, proximidad a la naturaleza, ¡Y también. Quizás, sentido del humor!
Cada suceso de nuestras vidas (personal y global) es una ocasión para acercarnos a un mayor amor, alegría, creatividad e integridad. No obstante, del mismo modo que un atleta puede ponerse pesos en los tobillos para adquirir fuerza y resistencia muscular, algunos de nosotros elegimos experiencias difíciles movidos por nuestros deseos de aprender y de crecer. Al fin y al cabo, cuando vamos al teatro no siempre vamos a ver musicales y comedias alegres y luminosas: optamos con frecuencia por ver tragedias y melodramas. ¿Por qué? Porque disfrutamos de la profundidad y de la intensidad de las emociones y reconocemos el aprendizaje y el desarrollo que puede venirnos de enfrentarnos a desafíos.
Uno de los motivos por el que nos gusta el teatro, el cine y las novelas es que son un reflejo de la Realidad más amplia. En un teatro vemos desarrollarse los temas centrales de la vida de las personas con sencilla claridad, sin trabas del desorden y de la complejidad de la vida cotidiana. Vemos sus puntos fuertes y sus debilidades, sus esperanzas y sus sueños, sus desafíos y sus limitaciones autoimpuestas. Vemos cómo los dramatis personae (personajes dramáticos) creen en la “ilusión” de sus vidas, del mismo modo que otra parte de nuestro Yo observa nuestras propias existencias. A un nivel profundo, nos recuerda que nuestras propias vidas son una producción teatral, cada una de ellas con su propio argumento, sus acciones secundarias y sus temas; una obra de teatro en la que estamos completamente absortos, olvidados de la Realidad más amplia, olvidados de que somos actores voluntarios sobre un escenario gigante.
- Reconocer sus temas
Recuerda obras de teatro o películas que hayas visto, programas de televisión memorables o novelas que hayas leído recientemente. ¿Qué te llevó a elegir esas experiencias concretas? ¿Te engañas a ti mismo haciéndote creer que fueron elecciones aleatorias, o que otra persona te arrastró a verlas o leerlas? ¿O asumes la responsabilidad de estas decisiones? (Anota tus pensamientos en un cuaderno o en un diario.)
¿Cuáles eran los temas de estas obras de teatro, de estas películas o novelas? ¿Eres capaz de ver con facilidad los temas de fondo, o te centras en detalles intrincados del argumento? ¿Tiendes a elegir las comedias, o las tragedias? Tus protagonistas ¿están intimidados o martirizados; o son valientes y aventureros; o misteriosos y reservados; o sabios y llenos de amor? ¿Superan con valor las tensiones y las dificultades, o luchan contra enemigos incalificables? ¿Tienen “un pie en cada mundo”? ¿Reconoces pautas y temas de tu propia vida en tus respuestas a estas preguntas? ¿Cuáles son tus obras de teatro, tus películas o tus novelas favoritas? ¿Qué desvelan tus aficiones acerca de ti?
Considera a continuación los temas y las pautas vitales de las personas que te rodean: tu familia, tus amigos, tus compañeros de trabajo y tus vecinos. (Si eres asesor o terapeuta, considera también a tus clientes o pacientes.) Dedica algún tiempo a anotar todas las pautas y temas que veas en las vidas de ellos: puede tratarse del miedo a perder el control o a aprender a asumir las responsabilidades; el no defender sus propias posturas, evitar la intimidad o los compromisos; la postura crítica constante; el centrarse en trivialidades; la arrogancia o el paternalismo; el hacerse la víctima; el buscarse compañeros y/o jefes injuriosos; el estar bloqueados por el miedo, por los sentimientos de culpa o por el resentimiento; el vivir siempre en el futuro o en el pasado; la adicción al trabajo, a la comida o al sexo; el esperar siempre lo peor; u otros miles de posibilidades.
¿Encuentras estas pautas o temas en tu vida, si te observas a ti mismo con sinceridad? (Suele ser más sencillo ver nuestros propios temas vitales examinando los “espejos” del mundo que nos rodea.)
Por fin, ¿qué es lo que más admiras en la gente que conoces? ¿Eres capaz de reconocer los mismos puntos fuertes, talentos y cualidades personales en ti mismo?
(Nota: Es importante escribirlo todo, o al menos decirlo en voz alta. Escribir y hablar son actos: traen las ideas al mundo físico y nos abren al cambio. Si nos limitamos a “pensar en las cosas”, podemos estar girando en círculos, ¡vida tras vida, a veces!)
- Enmendar tu guión
- Examina tu propia vida como si fuera una obra de teatro. ¿Cuáles son las cuestiones o las emociones fundamentales con las que te has enfrentado en tu vida, o las habilidades y los talentos que has desarrollado, o las ambiciones y los Sueños que quieres hacer realidad? ¿Qué temas ves en tu familia? ¿Cuáles consideras que son tus experiencias claves o las encrucijadas de tu vida? Si alguien estuviera escribiendo tu vida como si se tratase de una obra de teatro (y hay alguien que lo está haciendo: ¡tú mismo!), ¿qué tiene que aprender, o que hacer, o cambiar, el/la protagonista para que la obra sea más inspiradora, más creadora, más aventurada y más llena de amor? ¿Dirías que el héroe o heroína está enganchado/a a la desesperación y al melodrama, o a la vida mundana y a la mediocridad, o al martirio y a la autocompasión? ¿o que la obra está llena de amor, alegría, valor y visión? Recuerda que nadie te echó encima el guión de tu vida. Tú lo eliges, y tú puedes cambiar de opinión. Puedes elegir un guión diferente. Puedes modificar el argumento, convertir una tragedia en comedia, o simplemente rasgar tu guión y empezar de nuevo.
- Escribe una sinopsis de tu guión, tal como quieres que sea; haciendo, quizás, que el día de hoy sea una “encrucijada decisiva”, en el que tu vida adopta de pronto una orientación nueva y emocionante.
Todos somos Uno
Durante miles de años, los místicos han repetido con insistencia que todos somos Uno, que todos somos chispas de una Fuente creadora y que nuestra separación es una ilusión. Esto no es un misticismo etéreo y fantasioso, carente de relevancia práctica para nuestras vidas cotidianas. ¡En concreto, el concepto de la Unidad es, probablemente, la idea más práctica que nos encontraremos jamás!
El hecho de que todos somos Uno significa que todo está interconectado (toda energía, todo consciencia). No existen objetos “separados” ni seres “separados”. El tiempo, el espacio y la separación son ilusiones; lo que tiene ciertas consecuencias de vértigo…
Imagínate que vives en una enorme mansión y que tu vida actual es el cuarto de estar. La mayoría de las personas usan esta habitación para todo y rara vez se aventuran por otras salas (salvo durante el sueño). Así, la vida es más sencilla. Al fin y al cabo, ¡imagínate la confusión que sentirías si te despiertas preguntándote si eres una joven en la Italia medieval o un fornido granjero del Medio Oeste de los Estados Unidos! Nuestro lado derecho (que nos mantiene conectados con la realidad física) solo puede manejar una cantidad determinada de información a la vez. Piensa de una manera lineal: primero el nacimiento y después la muerte; primero el pasado y después el futuro; primero la causa y después el efecto. Cree que el pasado es fijo y que el futuro es incierto.
En la Realidad más amplia coexisten todos los pasados probables y todos los futuros probables, coexisten todas las causas y todos los efectos; todo lo que ha sido y será, simplemente “es”. Somos unos seres multidimensionales. Nuestra mansión es un edificio completo, no es un conjunto de habitaciones independientes. Si deseamos explorar nuestro pasado o nuestro futuro, u otra vida, sólo tenemos que abrir otra puerta y entrar. Algunas puertas pueden ser algo difíciles de abrir, y algunas pueden estar incluso cerradas, pero siempre podemos encontrar la llave si lo deseamos de verdad. Dado que la mansión es nuestra, hasta podemos cambiar de sitio los muebles, cambiar la decoración, construir un ala nueva o empezar desde cero. (Sí, podemos cambiar nuestro pasado, además de nuestro futuro, en esta vida y en otras.)
Como un tapiz
tridimensional,
las paredes de nuestras vidas
se entretejen,
se mezclan y se cruzan
con los hilos de nuestra conciencia,
dando a entender suavemente
que dentro de cada hilo
hay una galaxia de otros hilos.
Otra aplicación práctica de la Unidad en que podemos comunicarnos a voluntad con cualquier persona o con cualquier cosa: desde un árbol a una máquina de escribir, desde una bisabuela que está en el Espíritu hasta un amigo que está en tierras lejanas. Dado que toda la conciencia está interconectada, podemos enviar o recibir mensajes, dar o recibir sanación o solicitar información, todo ello a distancia. Sólo hace falta un poco de práctica y de confianza.
Cuanto más amor sintamos hacía la otra persona, criatura u objeto, más fácil es comunicarnos con él o con ella. Puede parecer una locura, pero prueba a enviar pensamientos amorosos a tu ordenador (o televisor, o lavadora) averiado, o a preguntarle qué puedes hacer al respecto, y espera una respuesta interior. Los chamanes han sabido siempre que todo es consciente (cada roca, cada árbol, cada nube) y que toda la conciencia es Una. Podemos, en efecto, “hablar” con todo lo demás que hay en el Universo, si nos dirigimos a ello con amor y si confiamos en lo que “oímos”
Crear nuestra propia realidad
Otra consecuencia enormemente práctica de nuestra Unidad es que, dado que todo está interconectado, nada sucede por casualidad. Nuestros pensamientos y nuestras creencias crean nuestra realidad. Son energía, y esa energía atrae a las personas, los sucesos y las oportunidades que “concuerdan” con ella, que están en resonancia con ella. Todo pensamiento es una oración. Cada vez que creemos, deseamos, tememos o esperamos alguna cosa, la magnetizamos hacia nosotros. No existe la suerte, la casualidad, la coincidencia ni el destino. Los accidentes no existen. Nada está predestinado, salvo nuestro destino elegido (y podemos cambiarlo).
Algunas personas creen que, después de haber elegido el guión de nuestra vida, no hacemos más que vivirlo tal y como lo planeamos. Eso sería terriblemente aburrido, y así nos convertiríamos en víctimas de nuestras decisiones “pasadas”. En realidad, ni el pasado ni el futuro están fijados. Nuestro punto de poder es el momento presente.
Día a día, momento a momento, estamos creando nuestra propia realidad: nuestro presente, nuestro pasado y nuestro futuro. Cada persona es el guionista, el productor, el director, y el primer actor de su propia obra de teatro. Cada vez que te ascienden, te despiden, te arruinas, te toca la lotería, etc., descubres que las vigas de tu casa están podridas o te roban, se trata de un hecho que has creado tú mismo. Toda persona es responsable de su vida al cien por cien.
Supongamos que Jean tiene la creencia esencial de que “la vida es una lucha”. Cree que vive en un barrio peligroso, cierra siempre todas las puertas con llave y se considera muy maltratada por la vida. Melanie, que vive en la casa de al lado, tiene un conjunto de creencias muy diferente. Está convencida de que la gente es buena y amorosa en el fondo, le gustan las pintadas de las paradas de autobús y espera que la vida vaya fluyendo con regularidad.
Una noche, un ladrón está buscando una casa que robar. Pasa por delante de la casa de Melanie sin detenerse (de alguna manera, no le da “buena sensación”) y entra furtivamente en el patio trasero de Jean. Sin darse cuenta de ello, ha sido magnetizado hacia la casa de Jean. Sufrir un robo en la casa estaría en concordancia con las creencias de Jean; de modo que el ladrón representa, sin saberlo, su papel en el guión de ella y le proporciona un robo.
La realidad es pensamiento congelado. El mundo exterior no es más que un sistema de retroalimentación. Nos devuelve, reflejados, nuestras propias creencias y actitudes, nuestros deseos y miedos, nuestros pensamientos y sentimientos, nuestras decisiones, nuestras expectativas, nuestros guiones familiares y nuestros planes ocultos. El mundo exterior refleja nuestro mundo interior. Cada uno de nosotros atrae hacia sí mismo a personas cuyos guiones concuerdan justamente con los suyos. Todo está interconectado, y todo lo que suceda es una oportunidad para aprender y para desarrollarnos.
Cuando vivimos con un pie en cada mundo, nuestra reacción ante un robo (o ante cualquier otro suceso) puede parecer algo extraña a los ojos de las demás personas. Mientras nos ocupamos de las cuestiones prácticas y damos salida a nuestros sentimientos humanos naturales de rabia, dolor, etcétera, también nos preguntamos a nosotros mismos: “¿Cómo he atraído este robo hacia mi vida? ¿Cuál era el mensaje que me intentaba transmitir a mí mismo? ¿Qué creencias, qué miedos o qué planes secretos tuvieron esta consecuencia? ¿Qué beneficios esperaba recibir en secreto?”. En otras palabras asumimos la responsabilidad del suceso, reconociendo que somos los guionistas de nuestra propia obra de teatro. Dedicamos un tiempo a aprender de ello, y a continuación nos perdonamos a nosotros mismos. En vez de llorar, de gemir y de rechinar los dientes, sabemos que no habríamos creado un suceso tan traumático si no tuviésemos una lección importante que aprender.
Esto no significa que te culpes a ti mismo cuando sufres un robo (por ejemplo), sino que asumas la responsabilidad del suceso y que éste te lleve a hacerte preguntas. ¿Es posible que estés enganchado todavía al crecimiento por medio de la lucha? ¿Es factible que tu Niño Interior ser considere víctima y que necesite ser sanado? ¿Es posible que sientas invadido tu espacio personal, o que tengas miedo, o que tengas resentimientos o dolores no resueltos, y que este suceso debía servir para sacar a relucir esos sentimientos? ¿Es que quizás necesites amor y apoyo y que hayas aprendido a solicitarlo a base de ser víctima? ¿Es posible que tengas que reconocer tu propia oscuridad, tu lado sombrío, reflejado en el ladrón? ¿O que necesites recordarte a ti mismo que las posesiones materiales no tienen verdadera importancia? Sea cual sea el mensaje, estarás decidido a escucharlo y a tomar las medidas necesarias, internas o externas.
¡El hecho de estar trabajando en nuestra conciencia no nos ofrece una garantía de que vayamos a crecer siempre mediante la alegría! Pero sí significa que es mucho menos probable que atraigamos hacia nosotros sucesos traumáticos, y que no necesitemos nunca sufrir en vano, que nunca recurriremos a un trauma para reforzar las creencias que lo atrajeron en un principio. (“Ya lo ves: ¡me han robado! ¡Ya te dije que el mundo es peligroso!”.)
Por el contrario, sabiendo que nuestras creencias crean nuestras experiencias, y no al contrario, aceptaremos que fuimos nosotros los que creamos el suceso, y que nosotros mismos podemos impedir que vuelva a suceder algo parecido. Para cambiar nuestras experiencias, tenemos que cambiar nuestras creencias, pues éste es el modo mágico en que funciona nuestra realidad.
Naturalmente, a nuestra visión de la realidad basada en el “sentido común” todo esto le parece bastante extravagante; pero debemos recordar que nuestro sentido común no es más que la ortodoxia al uso, que suele ocultar o distorsionar la verdad. El sentido común decía a la gente, en su tiempo, que la Tierra era plana, o que las mujeres eran menos inteligentes que los hombres. Nuestras visiones de la realidad están cambiando constantemente, mientras nosotros aprendemos y nos desarrollamos, y millares de personas, entre ellas muchos científicos y filósofos conocidos, están discutiendo ahora mismo el “sentido común” y están llegando a conclusiones semejantes sobre la Unidad de la realidad.
A diferencia de la forma de la Tierra, la “creación de nuestra propia realidad” es un concepto que “parece” que no se puede demostrar, pero quien lo practica obtiene resultados; y esto mismo forma parte de su propósito. Fuera de las limitaciones de las pruebas empíricas. Esto nos nos reta a crecer en una nueva dirección. Nos reta a que recuperemos nuestro lado izquierdo.
Muchas personas rechazan la idea de que somos nosotros los que creamos todos los aspectos de nuestras vidas. (Yo misma me resistí a creerlo durante muchos años, ¡sobre todo cuando mi vida no se ceñía a mis planes!) Al fin y al cabo, puede ser un consuelo creer que somos víctimas pasivas de la vida, que estamos representando un guión que ha escrito otro, o que algo “no debería haber pasado”. Así se justifica la autocompasión y podemos sentarnos a esperar que nos ayuden. Esto significa que toda desventura o sufrimiento es “voluntad de Dios” u obra del destino, y que no lo hemos provocado nosotros. Esto nos permite echar la culpa a los demás y castigarles. La decisión de asumir la responsabilidad plena de nuestras vidas no es fácil de tomar, pero es un paso esencial para nuestro desarrollo espiritual. Es esencial si queremos crecer por medio de la alegría, en lugar de hacerlo mediante la lucha.
Cada vez que culpamos a alguien o a lago “de fuera” del modo en que nos sentimos, o de algo que pasa, estamos cediendo nuestro poder. (Al fin y al cabo, si “ellos” te lo han hecho, sólo “ellos” podrán cambiar tu vida.) Si somos capaces de acopiar la fuerza y el valor necesarios para decir: “Está bien; abusaron de mí cuando era niño, pero yo no voy a abusar de mí mismo ahora que soy adulto; ahora, mi vida es mía, y a partir de este momento voy a sanar a mi Niño Interior y a ocuparme de mí mismo”; o, “He optado por ser negro en una sociedad de blancos, y eso me plantea muchos desafíos; pero voy a considerar a todos como iguales y voy a contribuir a sanar el racismo del mundo”; o bien, “Siempre he achacado mis malas relaciones personales a que soy tan alto/bajo/gordo/delgado/lleno de granos/inválido, pero a partir de ahora voy a asumir la responsabilidad de mis relaciones personales; yo elegí mi cuerpo, mi cuerpo forma parte de mí, y aprenderé a amarme a mí mismo de verdad”; entonces, estamos recuperando nuestro poder.
- Asumir las responsabilidades
¿En qué medida te consideras responsable de tu vida? ¿Acusas alguna vez a los demás de tratarte mal, o de “impedirte” hacer lo que quieres? ¿O atribuyes a tu infancia la culpa de tus problemas emocionales o de tus dificultades en las relaciones personales? ¿Has atribuido alguna vez a “la recesión económica” o al “mal momento del mercado inmobiliario” la culpa de la quiebra de tu negocio o de que no seas capaz de vender tu casa? ¿Has echado alguna vez a tu cuerpo la culpa de que te sientas mal contigo mismo? ¿Sientes alguna vez lástima de ti mismo? ¿Te ves como una “víctima” por ser mujer, o por ser negro, o pobre, o católico, o judío, o alto, o bajo, o por cualquier otro motivo? ¿Consideras que tienes “mala suerte” cuando tienes un pinchazo o cuando te ponen una multa de aparcamiento? ¿Crees que te dan los resfriados o la gripe, o que eres “víctima” de cualquier otra enfermedad? ¿O es posible que no asumas la responsabilidad de tus éxitos? (“Bueno, tuve suerte, nada más”, “Los demás candidatos no eran gran cosa”, “Cualquiera habría hecho lo mismo”.)
Estudia en qué sentido tiendes a ceder tu poder, y redacta una declaración en la que asumes la responsabilidad de tu vida al cien por cien.
Elegir nuestros padres
Otro aspecto de la labor de asumir la responsabilidad de nuestras vidas al cien por cien es reconocer (por absurdo que parezca) que nosotros mismos elegimos a nuestros padres. Antes de entrar en una vida, no sólo elegimos cuidadosamente nuestro sexo, nuestra raza, nuestra cultura y nuestro entorno, sino que también elegimos a nuestros padres. Quizás respondas a esto: “¡Yo no! ¡No puedo haber sido tan tonto de elegir a unos padres como los míos!” Pero yo creo que es así, y que siempre tenemos buenos motivos para nuestra elección.
Tal como yo lo veo, existen cuatro motivos principales por los que elegimos a almas determinadas como padres nuestros. En primer lugar, los elegimos sobre la base de sus cualidades positivas y de sus puntos fuertes. Lo que más admires o respetes de tus padres te dará pistas para entender por qué los elegiste: pudo ser por su paciencia, su valor, su tolerancia, su capacidad artística o musical, su inteligencia, su amor a la naturaleza, su compasión con los demás, su sentido del humor, su honradez o su capacidad para divertirse.
En segundo lugar, los elegimos por sus cualidades “negativas”, para poder aprender de sus errores o para que nos planteen un desafío con el fin de que desarrollemos nuestros recursos interiores. Nuestra conversación, entre una vida y la siguiente, subidos a una nube, por así decirlo, podría ser parecida a esta: -Muy bien; esta vez tengo que quitarme de encima esta pauta de mártir. Ya ha durado demasiado. Estoy cansado de morir y de luchar por causas justas. De modo que ¿quieres tú mi madre, y una mártir de primera (cargando bien las tintas), para que yo vea con tanta claridad mi propia pauta que decida cambiar? –Bueno, no creo que eso parezca muy divertido para mí; pero, como te quiero tanto, ¡estoy dispuesta a hacerlo! También me dará una oportunidad de aprender algo más acerca del control de la ira.
Y así sigue adelante la conversación.
Las faltas que veas en tus padres, lo que más te desagrade o te produzca rencor de ellos, te proporciona pistas acerca del “guión” que planificaron juntos. Si nunca habías pensado en los defectos de tus padres, vale la pena que lo hagas, por la sencilla razón de que es menos probable que tú caigas en sus errores si eres consciente de ellos. Es posible que veas que sus faltas son vivir con miedo, o ser pesimistas, o ser incapaces de manifestar la ira o la tristeza, o no asumir la responsabilidad de sus vidas, o abusar de su poder, o ceñirse siempre a lo esperado, o guardar rencores, o carecer de principios, o carecer de visión, o ser críticos y hacer juicios de valor. Sean cuales sean sus defectos, vale la pena recordar que estos pudieron ser el “don” que te hicieron a ti: una característica que acordaron expresar, para que tú pudieras aprender de ella.
Cuando hemos aprendido la lección, nuestros padres están libres para cambiar. ¡Es sorprendente la frecuencia con que esto sucede! En cuanto “aceptamos” a nuestros padres, ellos empiezan a cambiar milagrosamente: como han cumplido su contrato, ya están liberados.
En tercer lugar, elegimos a nuestros padres por las experiencias de la infancia que nos ofrecen. Es posible que nos hagan vivir en varios países diferentes para que aprendamos a ser adaptables, a respetar las demás culturas y a ganar amigos con facilidad. Es posible que nos abandonen a edad temprana, para que podamos aprender a valernos por nosotros mismos, a resolver el dolor, a perdonar y a no aferrarnos al pasado. Es posible que nos pongan en contacto con personas, cuestiones o ideas que sirvan de base al trabajo de nuestra vida, al encender en nuestro interior una llama de ira, de compasión, de entusiasmo o de curiosidad. O es posible que nos hagan vivir en un aislamiento tranquilo, para que podamos aprender a ser nuestros propios mejores amigos y a escuchar las voces delicadas del Espíritu y de la naturaleza. Te recomiendo, de nuevo, que recuerdes tu infancia con objetividad y que determines que experiencias de aprendizaje adquiriste entonces.
En cuarto lugar, muchas personas de hoy son lo que yo llamo “Guardianes de la Luz en familias a oscuras”. Es decir, que han aceptado entrar en una familia en la que existía una pauta de agresiones físicas, emocionales o sexuales, sabiendo que tenían la fuerza y la madurez suficientes como almas para “romper la cadena”. Una de las causas por las que actualmente se habla tanto en los medios de comunicación de las agresiones a menores es que una pauta que se ha transmitido a lo largo de incontables generaciones se está rompiendo. Está saliendo a la luz para ser sanada. Al fin y al cabo, si todos los que sufrieron agresiones en la infancia se niegan a agredir a sus propios hijos, y buscan por el contrario la sanación de su Niño Interior, entonces las agresiones a los niños terminarán. Esta es la tarea de Los Guardianes de la Luz. Mientras la desempeñan, aprenderán el amor a sí mismos, el perdón, el respeto a sus emociones y la liberación del pasado. (Muchos niños aceptan ser maestros de sus padres, para ofrecerles, quizás, un ejemplo de amor, de valor, de sabiduría o de alegría con el modo en que viven sus propias vidas.
Un punto crucial que conviene recordar acerca de los Guardianes de la Luz en las familias a oscuras es que si bien, al nivel del alma, ellos eligieron a sus padres, eso no significa que el niño “eligió” sufrir agresiones. El niño fue una víctima de esas agresiones. Esta regla no tiene excepciones, Un niño agredido siempre es una víctima. Sólo como adultos podemos empezar a asumir la responsabilidad de haber elegido a nuestros padres. Llegado este punto, corremos el peligro de hacer uso de nuestra espiritualidad para “comprender y perdonar”, mientras nuestro Niño Interior sigue dolido, airado y confuso. Esto es hacer un mal uso de la espiritualidad para evitar sentir nuestro dolor. Nuestra responsabilidad, como adultos espirituales, es amar y respetar a nuestro Niño Interior y realizar el trabajo de sanación que sea necesario.
- Unión del alma con tus padres
Relájate a fondo e imagínate que estás ascendiendo, que subes más, más y más hacia lo que parece ser un cielo estrellado, hacia el plano mental de la realidad. Observa las “estrellas” que parpadean a tu alrededor. A lo lejos, dos estrellas parecen más brillantes que las demás, y tú te acercas a esas luces brillantes. Son las almas de tus padres. (Si quieres reunirte también con las almas de tus padrastros, basta con que repitas el viaje.) Imagínate que te estás fusionando con cada una de las “estrellas” sucesivamente, que te fusionas con la luz.
Cuando surjas de la segunda “estrella”, imagínate que estás de pie en la orilla de un río. Siente tus pies en el suelo, la hierba bajo tus pies, ve y oye el flujo del río, el canto de los pájaros y el rumor de las hojas agitadas por la brisa. Usa todos tus sentidos interiores para encontrarte allí, en la orilla del río.
A continuación, imagínate que te estás llenando de luz. Se te abre la coronilla de la cabeza y desciende del cielo un rayo de luz que te baja por la espina dorsal y te llena el cuerpo de luz. Cuando te llenas de luz, te conviertes en tu Yo Verdadero. Te vuelves completamente lleno de amor, sabio y en paz contigo mismo.
Ves a lo lejos a dos personas que se acercan. A cada paso que dan se llenan más de luz. Tus padres caminan hacia ti y, como tú, se han convertido en sus Yoes Verdaderos, completamente sabios, completamente llenos de amor. Los saludas, y los tres permanecen juntos, de pie, en la orilla del río.
Mientras sigues tu Yo Verdadero, sabio y lleno de amor, pregunta antes de todo a tus padres: “¿Cuáles fueron las buenas cualidades por las que los elegí?” (La respuesta te vendrá, probablemente, en forma de pensamiento, o quizás “oigas” o veas las palabras, o te acudan recuerdos de la infancia.)
En segundo lugar, pregunta a tus padres: “¿Cuáles eran las lecciones que yo esperaba aprender de ustedes? ¿Cuáles eran las experiencias y los desafíos que acordaron ofrecerme?” Vuelve a esperar con paciencia una respuesta por parte de los dos.
En tercer lugar, puedes preguntar qué fue lo que acordaste enseñar tú a tus padres. ¿Cuáles eran las lecciones que ellos esperaban aprender de ti? ¿Cuáles eran las cualidades del alma que tú les ofreces como ejemplo?
Si tienes la necesidad de perdonar a tus padres la conducta que tuvieron contigo, o si necesitas pedirles a ellos su perdón, entonces hazlo ahora (si te sientes preparado). A continuación, ve un cordón dorado de luz que te une a cada uno de tus padres, que va desde los plexos solares al tuyo.
Este cordón de luz simboliza todas las pautas emocionales, todas las cuestiones inconclusas, que estás dispuesto a liberar. Simboliza la energía que sigues “filtrando” a tus padres (estén vivos aún o no). Si te sientes preparado, imagínate que tienes en la mano derecha un cuchillo o una espada, y corta el cordón de luz que te une a cada uno de tus padres.
Después imagínate que tienes en la mano un tarro de ungüento curador y que te lo aplicas en el plexo solar, curando tu herida y cerrando tu aura. Observa cómo hacen lo mismo tus padres. Por último, despídete de los dos, de la manera que te parezca más adecuada, y aléjate, convertido en un adulto libre.
(La unión del alma puede utilizarse para comprender y liberar cualquier relación personal pasada, o para resolver las dificultades en las relaciones personales actuales.)
Yo creo que estamos entrando en una Nueva Era de crecimiento por medio del amor, de la luz y de la alegría; creo que el crecimiento mediante la lucha se está convirtiendo rápidamente en una reliquia vieja y polvorienta, cuya historia suscitará incredulidad entre las generaciones venideras.
Nosotros somos los cartógrafos, los tejedores de sueños, los cocreadores. Estamos avanzando de un modo nuevo de estar-en-el-mundo (cambiando nuestros paradigmas); estamos iluminando el futuro de nuestros Sueños; estamos aprendiendo a crear un mundo de paz y de armonía.
Nuestra responsabilidad principal como cartógrafos es vivir con un pie en cada mundo. Esto supone vivir nuestras vidas como modelos de conducta para una nueva manera de ser. Supone desarrollarnos por medio de desafíos que nosotros elegimos; seguir siempre los dictados de nuestro corazón y vivir con valor. Supone saber que la vida es una aventura gloriosa en la conciencia, un sueño que nosotros mismos estamos creando. Significa encontrar el propósito de nuestra existencia.
Lily Almada.
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