Encuentro en el Museo Soumaya

 

Naturaleza, arte y juventud son algunos de los temas cruciales que me han apasionado a lo largo de la vida. Por eso precisamente mucho me honró la invitación que recibí del Museo Soumaya para dirigir unas palabras a los jóvenes que participaron en el proyecto Hazme famoso, cuya finalidad se vincula no sólo con su capacidad creativa sino también con su vocación ecologista, en este caso, la protección de tiburón en aguas mexicanas.

Participaron 400 jóvenes que formaron equipos para elaborar en total 100 obras plásticas, como parte del proyecto impulsado por la alianza entre el Fondo Mundial para la Naturaleza (World Wildlife Fund for Nature, WWF) y la empresa Telcel dentro del programa La Naturaleza en tu Escuela. Dicho programa promovió en 2014 un proyecto enfocado a la mariposa Monarca, también con notable éxito.

En esta ocasión sentí un gusto inmenso al ver los dibujos, pinturas, esculturas, maquetas y móviles de los participantes, pues no sólo percibí belleza sino también su compromiso con la defensa y conservación de nuestra fauna marina, en especial el tiburón ballena y el tiburón blanco.

En efecto, tal como ahí lo expresé, lo que pintaron los participantes era realmente bello y benéfico, y dejó fuera prejuicios en torno a las formas de vida de estas especies marinas.

Y algo muy importante es que trabajaron en equipo, con lo que alcanzaron una suma impresionante de formas, enfoques y colores que son todavía más apreciables por la noble causa que conllevan.

Al mismo tiempo reconocí no sólo la gran creatividad de sus trabajos, sino el mérito de la descripción que hacen en cada caso, con un mensaje ecológico. Estoy convencida de que este espíritu que involucra el respeto por las demás formas de vida en nuestro planeta será lo que nos salve ahora y en el futuro.

Desde mucho tiempo atrás he pensado que el arte y la naturaleza van de la mano. Por una parte, la naturaleza como punto de partida de todo creador en cuanto la descubre, aprecia, mira, escucha y siente lo que le rodea. Por otro lado, el arte mismo, que si bien surge de la naturaleza, alcanza una renovada dimensión cuando no sólo la copiamos, sino que la reinventamos con el potencial de la creatividad y la imaginación. Eso es ser y mantenerse joven, más allá de la edad de cada quien.

Pero pintar implica no únicamente sensibilidad e inspiración. Es preciso, además, estudiar las técnicas, los colores, y experimentar día a día, con disciplina y entrega. En mi caso, por ejemplo, desde niña observé a las manzanas en sus más diversas expresiones. Al paso del tiempo fui descubriendo la flora, la fauna y entornos mágicos que recreé para plasmarlos en mis pinturas y comunicarme con el público, especialmente con los jóvenes.

Mi reciente participación en el interesante y prometedor proyecto Hazme famoso me hizo reflexionar sobre estos tema. Por eso quiero reiterar mis felicitaciones a los jóvenes por sus magníficas obras y, desde luego, reconocer la ameritada labor de sus escuelas y maestros, así como agradecer el compromiso del Museo Soumaya, que desde sus inicios ha cumplido con una invaluable misión social. Y, por supuesto, celebrar la alianza WWF-Telcel que lleva adelante el programa La Naturaleza en tu Escuela.

De verdad me sentí muy orgullosa de haber convivido con tantos jóvenes que desde ahora considero mis colegas, pues bien apuntan ya su vocación, no sólo la artística, sino también la de fomentar la solidaridad y construir la esperanza de un mejor mañana.

 

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