"En el sexo y en el trabajo es donde ponemos más excusas"
El escritor y psicólogo Francisco Gavilán analiza lo que lleva al ser humano a utilizar pretextos ante determinadas situaciones
Vida | 17/08/2012 - 00:59h
DAVID PALACIOS
Barcelona

Las excusas forman parte de nuestra vida diaria y para exculparse de algo que hemos hecho mal, el ser humano tiene una gran propensión a elaborar ideas para justificarse y salir del paso. Aunque parece que en un primer momento las excusas nos ayudan a salvar nuestra imagen, a la larga nos pueden causar problemas mentales. El escritor y psicólogo Francisco Gavilán ha analizado este fenómeno en su libro “Yo no he sido” (Zenith Editorial).
¿Es un defensor de las excusas?
La excusa, en algunos momentos, es un alivio. Por ejemplo, si no queremos asistir a la fiesta de cumpleaños de alguien, es mucho mejor poner una excusa que no decirle que no, ya que le puede sentar mal. En estos casos, incurriríamos en lo que llamamos una excusa blanda, que es beneficiosa para ambos y que no tiene transcendencia. Además tiene una finalidad social y moral muy importante, ya que evitamos herir al otro.
¿Los humanos tenemos las excusas guardadas en nuestro subconsciente?
Quizás haya una genética detrás de las excusas, pero la educación es un actor importante. Por ejemplo, cuando un niño pequeño tropieza con una silla, sus padres le incitan que pegue a la silla porque ha sido mala, cuando en realidad la culpa no es de la silla. Así que desde que somos bien pequeños ya nos exculpamos de las cosas que hacemos.
¿Vivimos cada día excusándonos?
Es un hábito bastante común en el día a día, porque a lo largo de la jornada nos encontramos con distintas situaciones conflictivas y comprometidas en ámbitos como el trabajo o la pareja. La excusa es un alivio, nos permite momentáneamente salir del apuro, salvar la cara. De ahí que sea una reacción bastante común.
¿Cuántas excusas puede poner el ser humano en 24 horas?
No lo sé, pero seguro que más de una diariamente, porque cada día nos enfrentamos a situaciones en las que las hemos de utilizar. De hecho, nos excusamos con tanta frecuencia y las excusas suelen ser tan automáticas que, normalmente, no nos damos cuenta.
¿Meditamos mucho las excusas que vamos a decir?
Las pensamos mucho cuando tenemos tiempo para justificarnos ante algún desliz o metedura de pata. Pero normalmente, no tenemos tiempo de pensar en una excusa elaborada y de ahí que casi ni las podamos pensar. Cuando tenemos más tiempo de reflexión, buscamos argumentos muy rebuscados y en ocasiones la excusas no son creíbles de lo bien elaboradas que están y de su buena argumentación.
¿Nuestra mente es capaz de elaborar todas esas excusas?
Sí, precisamente porque lo hacemos inconscientemente. Cuando nos encontramos con una situación muy comprometida, no pensamos en la excusa que vamos a decir. Es el inconsciente el que nos la sirve en bandeja y es el que muchas veces nos salva la cara de una situación difícil. A pesar de eso hay que ir con cuidado porque la excusa que digamos puede ser incoherente y se pueden generar problemas.
¿En qué periodo del año mentimos más?
Las excusas no entienden de temporadas, sino de las relaciones con las personas. Si tenemos una intensa relación con nuestra pareja o con la familia, seremos más propensos a excusarnos.
¿Qué perfil tiene el excusador?
El perfil es el de gente que tiene una autoestima frágil. Normalmente los hombres suelen caer más en la tentación de decir excusas, ya que son más orgullosos que las mujeres. El hecho que los hombres siempre hayan estado ligados al trabajo hace que pensemos que si no ponemos una excusa coherente, nuestra imagen sufre un deterioro.
¿En qué contextos nos excusamos con mayor frecuencia?
Quizás el trabajo sea uno de los ámbitos donde se ponen más excusas. Una persona que trabaja durante 8 horas es normal que cometa algún error, tanto en el puesto de trabajo como en la conversación que mantiene con sus compañeros tomando un café. En las relaciones de pareja también se ponen muchas excusas. No hemos de olvidar que cuando un hombre y una mujer se juntan o se casan, son dos egoísmos. Al principio todo es muy bonito y no se ven los fallos del otro, pero a medida que avanza el tiempo se empiezan a acusar entre ellos y es ahí cuando se inician las excusas.
Y en el mundo del tabaco…
Las excusas que salen en el libro sobre este campo son muy conocidas. Es muy normal que cuando un amigo acusa a otro de no dejar de fumar, este le pone la excusa que tiene familiares mucho más mayores que fuman mucho y que no han muerto todavía. Otras excusas son que dejar de fumar engorda o que no están demostrados los efectos nocivos del tabaco. En fin, son excusas porque no quieren dejar fumar porque todos sabemos lo malo que es fumar. Pero también encontramos excusas clásicas en sexo. Por ejemplo cuando la mujer pone como excusa que le duele la cabeza o que está cansada para no tener relaciones sexuales.
Para hacer este libro habrá aprendido muchas excusas. ¿Cuál de ellas le ha sorprendido más?
Hay muchas que son curiosas, paradójicas y grotescas. Hubo una excusa que se puso de moda cuando los argentinos perdieron la guerra de las Malvinas contra los británicos. Los argentinos se sintieron orgullosos porque en esa guerra habían quedado subcampeones. Una excusa, sin duda, para aliviar la derrota y la frustración.
¿Solemos escudarnos demasiado en que nuestras palabras se han malinterpretado?
Si. Sobre todo se usa en la política cuando, por ejemplo, un periódico publica una metedura de pata de un político. El político o la persona en cuestión se defienden diciendo que aquella frase está sacada de contexto. Es una excusa tan repetida que se ha convertido en una cancioncilla sin sentido y demuestra realmente que lo que se ha publicado no te ha sentado bien. Relacionada con esta excusa también nos encontramos la excusa de la conspiración, que se usa cuando has metido la pata y toda la gente te lo está recriminando.
¿Y el “todo el mundo lo hace”?
Sí, también es un clásico. Ésta es una excusa muy mala porque por el mero hecho que un millón de personas defraude al fisco o insulte no justifica nunca que nosotros también lo hagamos.
Estas últimas semanas hemos oído a algunos políticos evitar pronunciar la palabra “rescate”. ¿Podríamos considerarlo una excusa para no llamar las cosas por su nombre?
La idea de llamar al rescate línea de crédito es parte de una excusa, aunque lo llamaríamos eufemismo. Lo que ha sucedido en España ha sido un rescate y aunque el presidente haya usado la excusa de un préstamo, todos los países lo han entendido como un rescate. Lo que sí que es cierto es que normalmente, cuando una palabra tiene mala prensa, se utilizan eufemismos y excusas.
¿Qué efectos puede tener que nos estemos excusando permanente?
Si una persona se excusa de manera crónica puede tener consecuencias muy malas para la salud mental. Si una persona no reconoce un error, no aprende nada y la posibilidad que se incurra en el mismo error es muy elevada. Por el contrario, si reconocemos el error aprendemos de él y nos enseña a no volverlo a cometer. Eso, aunque mucha gente no lo crea, es un símbolo de inteligencia y de coraje. Tenemos, probablemente, un complejo de inferioridad en reconocer los errores.
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