“Si de pronto me olvidas, no me busques, que ya te habré olvidado.
Si consideras largo y loco, el viento de banderas, que pasa por mi vida y te decides, a dejarme a la orilla
del corazón en que tengo raíces, piensa, que en ese día, a esa hora, levantaré los brazos y saldrán mis raíces a buscar otra tierra”.Pablo Neruda.
El embarazo ha sido para mí una de las etapas más felices de mi vida, tengo que reconocer que a pesar de las circunstancias de que el padre biológico de mi hijo no aceptara ninguna responsabilidad emocional o económica, la felicidad de ser madre no se vio opacada. Tal vez tuve días con un fuerte reacomodo con mis sentimientos, pero opte por llevar un periodo saludable, físico y emocional.
Así que mi hijo empezó a crecer. Desde adentro, la sensación de saber que siempre había un hombrecito en mí, es inexplicable, hay cosas que las palabras no alcanzan a describir y esta es una de esas.
Los meses empezaron a provocar las nauseas, la falta de apetito, el cuerpo se organizó para gestar y yo proseguía con mi vida. En lo laboral, la mayor parte de la gente se volvió amable. Tuve grandes compañeras que me apoyaban durante esos meses, caminando conmigo, compartiendo mis desayunos, mis comidas, las visitas al médico, los paseos nocturnos. La sustitución de la pareja estaba dada por muchas personas, entre ellas mi incondicional amiga, siempre presente, siempre dispuesta a estar en todo momento.
Estoy muy segura, que este ambiente en una mujer embarazada y soltera se genera por su actitud, ya que indiscutiblemente somos quienes elegimos querer ser.
He podido estar con otras mujeres que vivieron una experiencia como la mía y en ellas el periodo del embarazo fue un tiempo de dolor, de ausencia, de nostalgia, una necesidad fuertísima al apego o de interminables discusiones con el padre biológico luchando por el derecho a ser tomadas en cuenta.
Cada una, desde su trinchera y desde su entendimiento, procesa los meses de gestación como mejor lo ha podido hacer. Sin embargo, nuestra visión se acorta solo al embarazo, parece que no alcanzamos a ver que el bebé nacerá en algún momento, que los meses pasan y que tal y como construimos nuestro embarazo, vendrá después el resultado de nuestra inminente forma de ser madres.
Recuerdo haber pensado en una imagen muy clara, un cuadro blanco con letras que decían: “Soy madre y estoy feliz” colgando de mi pecho, decidí ponerme ese letrero imaginario en lugar de colgarme la etiqueta de: “Soy madre soltera, me han abandonado”. ¿Qué necesidad existía en mi mundo para responder respecto a mi estado civil, como resultado de mi estado de ánimo?; si la mayor parte de las veces, las preguntas de rigor que hay que responder son tan sencillas como: ¿va hacer niño o niña?, ¿cuantos meses tienes?
¿Porqué creemos las mujeres que colgándonos las etiquetas del dolor, la gente vendrá a nosotros a ser parte de la solución de nuestras vidas?
Estar triste es permitido, llorar y procesar el rechazo es un acto de sanidad. Pero también un punto final para abrir otros capítulos y continuar con nuestras vidas.
Querer utilizar los chantajes emocionales para que nuestra pareja se haga responsable no funciona. Son episodios desgastantes, donde en lugar de estar concentradas en un periodo de gestación, estamos sacando a una niña lastimada que busca por cualquier medio ser protegida y amada.
En nuestro interior hay un ser humano que nos necesita como mujeres adultas, no como niñas lastimadas, capaces de cuidar y cuidarnos.
Es necesario, dejar que la pareja se acomode en el lugar que eligió estar, en la periferia o completamente afuera; y todavía más necesario, que nosotras regresemos a nuestro cuerpo, a nosotras a pesar de lo mucho que podamos haber sufrido.
Yo recuerdo el rechazo, como una sensación en mi cuerpo de un solo golpe, certera, como el que tira al boxeador a la lona.
Así de certero fue que el padre se fuera, como certero fue que yo continuara con mi vida y con la de mi hijo.
Opte por rodearme de buenas compañías, por cuidar mi alimentación, estar al pendiente de mi cuerpo y de tener una vida en la medida de lo posible feliz. Entendí durante mi embarazo que en lugar de buscar a una persona, podía rodearme de quienes quisieran estar conmigo.
Así que cada que yo veía a mi hijo a través de la pantalla del ultrasonido no pensaba que estaba sola, compartía el momento con mi mejor amiga, la invité a ser parte de mi experiencia, sonriendo y emocionándonos juntas.
En mi vida hubo entonces una sustitución de personas, situaciones y pensamientos. Un reacomodo de personas y lugares, necesarios para continuar.
Después, el placer de ver un vientre tan hermosamente redondo, liso, grande y brillante, me hizo saber que lo mejor, lo mejor todavía estaba por llegar.
Nos leemos en la siguiente, Diana Rodríguez.
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