Quizá… No. Quizá no es exacto. Esto es tan exacto como las matemáticas. La conciencia no tiene antes ni después. Sólo tiene un momento eterno, dispuesto en distintos sitios para que la oportunidad no deje de ser permanente. Resucitar de entre los muertos para Mar no fue fácil. No puede serlo para nadie. Quienes han visitado las tinieblas saben del peligro de morir o perder todo rastro de contacto con el mundo. Pues se pierde algo en el viaje, algo que la misma Mar busca poder describir. Ella ha encontrado con total dolor pero también con gratitud inmensa, alegría y un espacio vacío que no tiene adjetivo,  el origen de todo sufrimiento. Y no es el deseo como tanto dicen los budistas. Pues el deseo es la fuerza primigenia de todas las creaciones. Quizá es algo que se le parece y por lo tanto se emplea dicha palabra. Es un concepto, es un acto erróneo de la energía, un corto circuito en el flujo universal de la dicha perenne. 

¡¿Cómo es posible que una situación tan absurda y simple requiera de tanto detalle para ser comprendida?!  Ahí la mirada lastimándose con lo imposible al acecho  del absurdo de lograr cambios donde no existe tal alternativa. Sólo porque uno quisiera ser amado como uno quisiera ser amado, sólo porque uno no comprende que no requiere ser amado. Sólo porque se ha autoimpuesto dicha meta en alguna parte del sistema linfático del alma, en el camino del despertar. Como si quisiéramos limpiar completamente la suciedad de lo poluto. Cuando bien se nos advirtió desde un principio: Es necesario que crezcan juntos el trigo y la cizaña. Uno alimenta, el otro desintegra. Ni el uno ni el otro han elegido su naturaleza. Ambos sólo son parte del sistema espejo de esta vorágine de creación a la que llamamos vida terrena.

Cuando llega el tiempo de la siega, el ciego en uno mismo simplemente abre los ojos y descubre su discapacidad. Se encuentra su sangre chorreante en los golpes que se dio a sí  mismo, se compadece de su propia limitación y  después de enfurecerse bastante con la broma de la vida, encuentra un poco de sentido de  humor en el sí mismo del que empieza a liberarse para siempre y también encuentra coherencia en dicho descubrimiento. Este mismo saber lo libera y restituye de dignidad y paz verídica, es decir, duradera. Hágase la luz no es otra cosa que hágase la paz.  Sin ninguna otra variante: hágase la paz. En  y con alegría, en y con determinación. Simplemente porque somos libres para elegirla. Sólo por eso.

 

Cosa imposible de lograr si no logramos encontrar todas las semillas de desdicha… que siguen siendo sembradas junto al trigo, en ese “arte” inocente de los demonios agotados de la insurrección. Qué fuerza la suya, qué capacidad para lograr la confusión y ¡Qué resistencia!, aquí estamos para curarnos las heridas y no volver a generárnoslas, para meter los dedos en las llagas y comprender  la santidad del dolor, santo porque  nos humaniza, nos enseña, nos conduce a la plenitud de la elección permanente por aquello que nos sublima, prescindiendo de toda necedad  por contestar el golpe y la agresión. Un día llega el momento en que uno borra la L. Y lo hace con total libertad como escucho en este momento: Emancipate yourself from mental slavery… en esa brutal redemption song del máximo exponente del reggae. This songs of freedom… estas canciones se van cantando aún en el silencio más extenso cuando se ha incorporado la sabiduría de la libertad. Nada puede evitar la verdad. Ella solita se expresa a través de todo lo que vibra.

 

Si. Algo inexplicable en mí… ha decidido distanciarme de cualquier punto en el que puedas alcanzarme, tú, espina de la rosa. No puede existir la elección sin la renuncia. Renuncio a ti y a todo lo que se parece a ti. Pues esta es tu lección, amado maestro de lo nocivo. Que la vida recompense el valor de tu enseñanza. 

Enviadme un correo electrónico cuando las personas hayan dejado sus comentarios –

¡Tienes que ser miembro de Retos Femeninos para agregar comentarios!

Join Retos Femeninos