Nos podemos pasar la vida tratando de ser lo que no somos y tal vez no seamos nunca. Debería haber sido más bueno; debería haber sido más comprensivo; debería haber sido más generoso, debería… Y entonces habría que preguntarse si también deberíamos ser canonizados. Fuimos lo que fuimos y no lo que deberíamos haber sido, porque todo eso, pertenece al pasado y el pasado es parte de nosotros, pero justamente eso, sólo parte y si nos quedamos en el pasado corremos el riesgo de no vivir el presente y si corremos para que el pasado no nos alcance, hará cualquier cosa para no detenerse y ser aplastado. Pero el peligro reside, justamente, en que hará cualquier EL
El pasado deber ser analizado, pero no para castigarnos impiadosamente por lo hecho. Cada uno vivió como pudo o como supo y eso no es condenable. Le debemos permitir venir en forma de recuerdo, tomando plena conciencia de que lo que ocurrió hace dos, cinco o treinta años, no ocurrió ayer ni está ocurriendo ahora y mucho menos vivirlo como si estuviese pasando en estos momentos. Fue hace mucho y entonces no teníamos la experiencia de hoy y es inútil decir que si la hubiésemos tenido no habría pasado. ¡Vaya uno a saber! pero sí sería una tontería que no estuviéramos alertas en el momento en que nosotros mismos estemos intentando reeditarlo.
Es verdad que ya no somos los de antes, pero que al recordarnos es injusto con nosotros mismos repudiar al que fuimos y si pensamos que con la culpa expiamos lo que hicimos “deberíamos” también saber que ese sentimiento inútil nos condena a repetirla.
Tenemos que ser severos con el presente, pero caritativo con el pasado.
Perdónate… Y vive.

Comentarios