A Efraín se le ha olvidado el olor a mandarinas. Ahora sólo tiene el aroma a la amapola, cuando sirve de “burrito”-sol acuestas- abatido de algún marzo.
Se le han olvidado las piñatas, las Pirekuas, los huchepos.
Le han salido alas a sus ojos, no sabe si para irse o para quedarse. Sueña que regresa con su abuela y sus zapatos polvorientos. Sueña. ¡Cómo sueña!, con los colores del rebozo de Marina y sus pasitos cuando baila cumbia.
Se ha convertido en esclavo de baja paga y amedrentado por el narco.
Ellos (Los narcos), también tendrán abuela y algún recuerdo del olor a mandarinas.
Pero a ellos…. Ya no les crecen alas.
Alejandra Pérez CH.
Comentarios
Fuerte tema...muy actual.
Me gustò mucho la manera como lo abordaste y la metàfora con que lo revestiste.
Saludos tocaya y paisana.