Si antes de ir a trabajar pasa al gimnasio a hacer levantamiento de pesas; si además en su trabajo prefiere ocupar las dos horas que tiene para comer para dirigirse al gimnasio a entrenarse en las pesas; y si cuando sale de la oficina acude nuevamente al gimnasio a realizar una exigente rutina de ejercicios de levantamiento de peso en la que invierte hasta tres horas, tratando con ello de ganar el volumen muscular que tanto desea, a pesar de ser una persona bastante musculosa, entonces probablemente padece un trastorno mental llamado dismorfia muscular, conocido popularmente como vigorexia.
“La dismorfia muscular o vigorexia es la preocupación excesiva por no tener un cuerpo lo suficientemente músculo, además de presentar una distorsión en la percepción de su figura”, explica Rosalía Vázquez Arévalo, doctora en Psicología e investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Y añade que las personas que padecen este trastorno suelen ser hombres y tienen una baja autoestima: “Buscan tener mayor masa muscular porque se sienten pequeños o débiles. Es por ello que practican el levantamiento de pesas de manera compulsiva y toda su vida gira alrededor de esta actividad. Es un trastorno nuevo, que está comenzando su investigación. Los primeros reportes provienen de la década de los 90. Probablemente, en el futuro se diagnosticarán más casos”, explica la especialista y agrega que la Asociación Americana de Psiquiatría recientemente reconoció la dismorfia muscular dentro de los Trastornos Dismórficos Corporales y no en los de la conducta alimentaria, como antes se atribuía.
¿Quiénes lo padecen?
En voz de la experta, uno de los orígenes de este trastorno se explica en el cambio del ideal de belleza. Mientras la delgadez es el modelo para las mujeres, para los hombres lo es tener figuras musculosas. Pero no solo basta estar en un peso normal, sino que es necesario hacer ejercicio y además tener un cuerpo excesivamente marcado. Es por ello que, este trastorno hace que los hombres sean más vulnerables a padecerlo y subraya que principalmente a aquellos que rondan los 30 años.
Síntomas comunes:
- Realizar compulsivamente entrenamiento con pesas con el objetivo de aumentar su volumen muscular.
- Realizar hasta 5 horas diarias de entrenamiento, sin ser profesionales del deporte.
- Entrenar cuando se encuentran lesionados.
- Deseo de constatar su definición muscular, ya sea frente a un espejo o con preguntas a familiares y compañeros de gimnasio.
- Consumir sin supervisión médica suplementos alimenticios ricos en proteínas, e inclusive esteroides anabólicos.
- Dejar a un lado la vida social, ya que la organización de su agenda va en función de su entrenamiento con pesas.
Rosalía Vázquez Arévalo comenta que en las etapas más avanzadas de este trastorno, las personas consumen esteroides anabólicos, sustancias sintéticas que provocan el crecimiento del músculo, sin saber que esto puede provocar hipertensión arterial, lesión al hígado, atrofia testicular (alteraciones en el tamaño de los testículos y de la formación de espermatozoides, al grado de poder provocar esterilidad), alteraciones en los niveles de colesterol y en algunos casos, hasta la muerte por eventos cardiovasculares derivados de su consumo.
Y finaliza que: “La atención a este trastorno deberá de tener un enfoque multidisciplinario, pues en el paciente con dismorfia muscular convergen factores biológicos, psicológicos y sociales. Por lo tanto, en el tratamiento será oportuno contar con un equipo de profesionales de la salud que incluya psicólogos, psiquiatras, nutriólogos y médicos generales”.
El cuidado de la salud y búsqueda de la fortaleza física, ante todo requiere de un proceso de autoconocimiento y aceptación sobre las características físicas que se tienen.
Para leer:
Vigorexia: la prisión corporal, Almudena García Pellin, Editorial Pirámida.
Para ver:
Vigorexia y esteroides, National Geografic
http://https://www.youtube.com/watch?v=f3NWjvlFB-k
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