Más allá de las complejidades técnicas y financieras que implica la operación de una empresa de las dimensiones de Pemex, los ciudadanos nos hacemos varias preguntas sobre su presente y su futuro inmediato. Interrogantes que no han tenido respuesta o acerca de las que hay información contradictoria en los mensajes institucionales que se difunden a través de los medios de comunicación. Preguntas que adquieren aún más relevancia ahora que las oscilaciones –y sobre todo las pronunciadas disminuciones– del precio del barril de petróleo en los mercados internacionales complican una adecuada comprensión.
Se había dicho, por ejemplo, que la reforma energética iba a acarrear beneficios para la población pues, se argüía, daría lugar a una reducción en el precio de las gasolinas. Sin embargo, esa promesa no sólo no se ha cumplido sino que ahora incluso nos enteramos de que habrá una la apertura anticipada a otras empresas del ramo, que entrarán a competir en el mercado y eso podría repercutir en alzas de precios por cada litro de combustible que consumamos.
Además, prevalecen las confusiones sobre el drástico recorte presupuestal a la paraestatal que se anunció hace unos días, y que ascenderá a 100 000 millones de pesos, ya que no queda claro en qué rubros se aplicará, en qué medida y con qué criterios. Por ejemplo, si de sus recursos humanos se trata, ignoramos en qué áreas y de qué tamaño serán los ajustes. Asimismo, nos gustaría saber si en el caso de los trabajadores sindicalizados se registrarán ceses, o bien, como sería deseable, los dirigentes sindicales sacrificarán alguna de las muchas prebendas de las que gozan gracias a nuestros impuestos. Porque si de algo estamos seguros es de que en el sindicato de esa empresa de importancia histórica imperan el nepotismo, la inactividad, la corrupción y la impunidad.
Y baste un punto más, el de las finanzas, que tanto preocupa a todo buen ciudadano, pues por un lado se habla de una quiebra técnica de Pemex, y por otro de que todavía es rescatable a largo plazo. Y no se olvide que hablamos de una empresa esencial para la economía del país, por más que han pasado décadas sin que se haya resuelto la acentuada petrolización de las finanzas nacionales. Dentro de ese rubro, por si fuera poco, las preocupaciones se extienden también a las aportaciones fiscales y a su transparencia. ¿Cómo quedarán?
Son, así, muchas las dudas que nos preocupan con respecto a Pemex y su futuro –y el de nuestra nación– y por tanto necesitamos saber más y cobrar mayor conciencia para estar en condiciones de ejercer mejor nuestros derechos y exigir con toda precisión, a las autoridades correspondientes, buenos resultados en beneficio del país en su conjunto.
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