Crónicas de una Codependiente - Parte 4

Nada más adecuado que escribir en mi blog hoy, el Día Internacional de la Mujer. Aunque conozco a varios hombres codependientes, a muchas mujeres nos pusieron los ingredientes ideales para que esta condición se desarrollara en nuestra personalidad. ¿A cuántas nos vendieron que teníamos que ser "buenas" y agradar a los demás? ¿Cuántas nos tragamos las historias de Disney? Claro, el FIN de los cuentos llega con la boda y el "vivieron felices para siempre". Como si nuestra felicidad dependiera de alguien más. Como si pudiéramos esconder nuestros sentimientos para no molestar.

Sigo desenmarañando la madeja. Sigo analizando los comportamientos y creencias que me dañan. Crecí sintiendo que nada era suficiente, que tenía que demostrar que era digna. Yo no podía llorar, no me podía dar por vencida, tenía que ser cada vez mejor. Me he exigido ser prácticamente no-humana, y cuando he fallado me he deprimido. Me ha costado pedir ayuda.  Llegué a un punto en el que tenía dos caminos: cambiar o dejar que la vida pasara hasta convertirme (a largo plazo) en una viejita sola y amargada, preguntándome qué pasó, porqué los demás fueron tan malos conmigo y porqué no hicieron lo que yo quería (obviamente sin que se los pidiera, porque si me quieren tienen que ser adivinos).

Hoy me doy cuenta que me falta mucho por aprender. Empiezo a reconocer mis sentimientos y exploro el porqué; de lo contrario empiezo a tener resentimientos. Entiendo que lo que los demás hacen no es personal, no depende de mi, y no los puedo controlar. Estoy reconociendo la importancia de los límites, aunque a veces no sea fácil fijarlos. Continuará

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