*Enséñales a tus hijos a percibir a Dios en lo grande y en lo pequeño, en lo finito y en lo infinito.
*Enséñales a valorar, respetar y agradecer las aparentes pequeñas cosas de la vida: Tener y cuidar a una mascota, tener una familia, los alimentos y el sustento de cada día, poder ir a la escuela, cuidar su salúd.
*Enséñales a voltear al cielo e invocar a Dios en los momentos difíciles.
*Enséñales a invocar a Dios también en los momentos de alegría.
*Enséñales a hacer oración cada mañana y cada anochecer, a retomar la oración del "angel de la guarda" que
rezabamos de pequeños. Recuerda que rezar es dialogar con Dios como quien platica con su mejor amigo.
*Enséñales a ser agradecidos, porque la gratitud es un pasaporte a la dimensión de los milagros..Al corazón de Dios.
Retomemos nuestro papel como padres y madres, recordemos que es una misión que no termina ni con la muerte. Al retomar nosotros esta fuerza, estaremos recobrando nuestra dimensión infinita, nuestra dignidad como seres humanos, nuestra conciencia y responsabilidad como padres, para enseñarles a ellos el camino, el sendero de regreso a casa, de regreso al hogar, para descubrir juntos que no caminamos solos.
Abraza a tus hijos y bríndales el mejor de los abrazos, con los oidos atentos, los brazos extendidos, la sonrisa sincera, la reprimenta oportuna cuando sea necesaria, el consuelo que apapacha, la caricia alentadora. Nosotros sus padres somos responsables de hacer de ellos, nuestros hijos los mejores líderes que el mundo pueda tener¡.
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