EL LENGUAJE DEL CUERPO
Este artículo lo tome del libro "Entra en la magia de la vida" de Gill Edwards.
¡El cuerpo tiene mente propia!
Deepak Chopra
Una amiga mía y yo habíamos acordado reunirnos en un café del norte de Londres. Cuando nos sentamos ante una mesa, Marie hizo un gesto de dolor, y yo le pregunté qué le pasaba. Me dijo que tenía muy inflamada la rodilla izquierda. “¿Estás enfadada con tu madre?”, le pregunté yo, no del todo en serio. Ella me miró asombrada y me preguntó cómo lo sabía. Al parecer, su madre la había llamado por teléfono dos días antes para invitarse a sí misma a pasar dos semanas con ella, y Marie no había sido capaz de negarse, repitiendo un viejo patrón de la infancia. Pocas horas más tarde, se le había empezado a inflamar la rodilla… La rodilla suele contener las llamadas emociones “negativas”, tales como el dolor y el resentimiento, sobre todo de las de la infancia; el lado izquierdo del cuerpo es el lado “femenino”, o el correspondiente a la madre, y la inflamación suele significar el “calor” de la ira. De modo que adiviné, aunque apoyándome en datos, que Marie estaba enfadada con su madre.
El cuerpo siempre es amigo nuestro, Si se pone enfermo, o si tiene síntomas físicos, es que está intentando decirnos algo. Nuestra tarea consiste en determinar cuál es el mensaje y tomar medidas. Entonces los síntomas tienden a desaparecer, inmediatamente en muchos casos.
Por desgracia, el modelo biomédico (el concepto de la enfermedad que tiene la ciencia occidental) nos ha lavado el cerebro para que veamos las enfermedades como sucesos aleatorios y carentes de significado. “Caemos” enfermos de la gripa, o somos “víctimas” del cáncer o de las enfermedades del corazón, como si fuésemos los desgraciados ocupantes de una máquina defectuosa e imprevisible. Si te duele la cabeza, tómate una aspirina: ¡problema resuelto! Si tienes inflamado el apéndice, que te lo extirpen: ¡problema resuelto! Los síntomas no son más que una señal de que tu cuerpo “funciona mal”. Siguiendo este modelo, no es necesario formular la pregunta fundamental de por qué nos hemos puesto enfermos, o qué puede significar, o cómo puede estar intentando ayudarnos nuestro cuerpo. Uno no hace más que eliminar los síntomas, por medio de medicamentos, de operaciones quirúrgicas o de radiaciones. Y se acabó.
Según el modelo bioquímico, la enfermedad no es más que una experiencia desagradable y desafortunada, y sus mejores remedios son las sustancias químicas y los “expertos”. Desde luego, no se trata de una oportunidad para el aprendizaje y el desarrollo, creada por nosotros mismos. En consecuencia, una buena parte de nuestro sufrimiento resulta inútil, porque no “captamos el mensaje”. A pesar de los gastos crecientes en atención sanitaria, nuestra salud no mejora.
No se trata de que el modelo médico sea “erróneo”, sino de que su visión es muy limitada. ¿Encontraremos verdaderamente un remedio para el sida, por ejemplo, a base de gastar miles de millones en investigaciones microbiológicas? ¿O se encuentra la solución, más bien, en examinar nuestras actitudes negativas hacia la sexualidad, en enfrentarnos a nuestro miedo, a nuestros sentimientos de culpabilidad, a nuestra vergüenza y a nuestros perjuicios, en aprender a amar a los demás y a preocuparnos de ellos como seres humanos y prójimos nuestros, a pesar de nuestras “diferencias”, y en ser más conscientes del impacto de la mente sobre el sistema inmunológico?
El cuerpo no es una máquina; ni siquiera es un amasijo bioquímico (mezcla que causa confusión), sino que es un sistema de energía consciente. Lo que es más: ¡nosotros lo creamos! Por extraño que pueda parecer, nosotros creamos el cuerpo físico, a cada momento, con el poder de nuestra conciencia. La conciencia lo crea todo. El cuerpo es “sólo” una forma de pensamiento altamente cargada de energía. Así pues, ninguna enfermedad y ningún síntoma pueden ser aleatorios ni carecer de significado. Son una reacción directa a tu yo interior, un espejo de nuestro estado mental. El cuerpo reacciona a cada aspecto de ti. Y si aprendes a escuchar los susurros de tu cuerpo, no tendrá que gritarte nunca.
En los años que ejercí de psicoterapeuta, advertí una y otra vez vínculos entre los estados emocionales de las personas y los síntomas físicos, como si el cuerpo estuviera <hablando> su propia lengua, reflejando las creencias de las personas, sus miedos, sus sentimientos no expresados y sus deseos. Parecía que el reumatismo y la artritis acompañaban a la amargura y al resentimiento, a una tendencia poderosa a la autocrítica y un planteamiento inflexible de la vida. Los que tenían dolores en la baja espalda solían ser perfeccionistas y mártires que siempre iban corriendo tras los demás pero que se sentían cargados y enfadados en secreto.
A los pacientes miopes solía faltarles un sentido de dirección: no tenían suficiente <<visión del futuro>>, o no veían el cuadro general. Las personas que padecían trastornos cutáneos solían estar reprimiendo la tristeza o el dolor de una pérdida. Los que tenían problemas del corazón tenían bloqueos importantes relacionados con el dar y el recibir amor, o estaban <<descorazonados>>. Muchos otros autores han advertido pautas semejantes de la personalidad y las enfermedades.
Cuando conocí a Jennifer, reconocí en ella la característica <<personalidad proclive al cáncer>>. Tenía cuarenta y dos años, estaba casada y tenía dos hijos, y le habían extirpado hace poco un cáncer de pecho. Me la había enviado su médico de cabecera, entre escéptico y servicial, pues ella quería entender por qué había desarrollado un cáncer, con la esperanza de prevenir una recaída.
Era la mayor de tres hermanas, y recuerda que su madre estaba <<eternamente ocupada>>, limpiando, cocinando, ordenando. Desde una edad temprana, Jennifer tuvo que ocuparse de sus hermanas menores. Se crió intentando desesperadamente agradar a su madre, sin conseguirlo. En cierta ocasión, su madre la dio de baja en el último momento en un concurso de ballet <<porque tenía que cuidar de las niñas>>. Su padre pasaba largas temporadas en la mar, y Jennifer se sentía completamente sola.
A los diecisiete años conoció a Robert y se casó con él, y pasó los quince años siguientes entregados felizmente a su marido y a sus hijos. Cuando pensaba emprender una carrera profesional, su madre sufrió un grave ataque de apoplejía, por lo que durante los seis años siguientes, Jennifer se dedicó a cuidar de ella, pues había quedado incapacitada e incontinente. Después, en un plazo de seis meses, su hija se marcho de casa para ir a la universidad y su madre tuvo un segundo ataque y murió. Menos de un año después, Jennifer se encontró un bulto en el pecho…
Las investigaciones han ido desvelado poco a poco el perfil de la <<personalidad proclive al cáncer>>: una infancia de frustración, aislamiento o desesperación, una tendencia a agradar a los demás a costa de las necesidades propias, y una incapacidad para expresar la ira y la tristeza. Y en un momento dado se produce un suceso que desencadena la enfermedad: suele tratarse de la pérdida de un papel o de una relación personal esencial. Es frecuente que se diagnostique el cáncer en los dos años siguientes. El <<mensaje>> del cuerpo es que la persona aprenda a reconocer sus propias necesidades, que respete sus propias emociones y que encuentre un nuevo significado o propósito en la vida. Algunos <<optan>> por seguir enfermos o por morir; y, naturalmente, la muerte no es un <<fracaso>>: sólo es una transición elegida de la conciencia.
Los estudios realizados sobre personas con <<personalidad múltiple>> han demostrado que una de sus personalidades puede ser diabética mientras que otra (que ocupa el mismo cuerpo) no lo es. Esto apoya claramente la idea de que quien porta la enfermedad no es el cuerpo física sino la personalidad. El cuerpo no hace más que reflejar la personalidad.
¿Por qué nos ponemos enfermos?
Nuestro estado natural es de salud y de vitalidad radiante. Siempre que nuestro cuerpo no está sano del todo implica que existe un bloqueo o un desequilibrio en nuestro sistema total de energía. Esto significa que no estamos amándonos ni apreciándonos a nosotros mismos lo suficiente, que estamos bloqueando nuestras emociones o nuestras necesidades, que nos estamos aferrando a creencias negativas o limitadoras, o que tenemos miedo de pedir lo que deseamos.
Con frecuencia, la mala salud es una señal de la existencia de emociones reprimidas. Al fin y al cabo, si nos negamos a sentir nuestra ira, nuestro dolor, nuestra tristeza o nuestro miedo, ¿dónde pueden meterse estos sentimientos? Quedan almacenados en nuestro cuerpo, junto con los pensamientos o las experiencias que desencadenaron los sentimientos. Esto impide que la energía fluya libremente en esa parte del cuerpo, y acaba por causar síntomas y malestar, para que (con suerte) prestemos atención a las cuestiones no resueltas.
La enfermedad y el malestar pueden ser también una reacción ante las creencias y las actitudes negativas. Pienses lo que pienses y digas lo que digas, tu cuerpo te escucha; y, como un niño confiado e inocente, te cree. De modo que si piensas: <<Este trabajo me llevará a la muerte>>, <<Ese hombre me da dolor de cabeza>>, <<Me va a dar una de mis migrañas>>, o <<Siempre me contagio de todos los microbios>>, puedes estar seguro de que tu Yo Básico está prestando atención; ¡y los resultados son de esperar!
Caer enfermos puede ser también un modo un modo de conseguir indirectamente lo que deseamos. Las ventajas de estar enfermos pueden saltar a la vista: pasar unos días en la cama quizás, mucho amor y comprensión, evitar los compromisos y las obligaciones no deseadas o disponer de tiempo para relajarse.
Algunas compensaciones son menos evidentes, tales como castigar a tu familia o a tu compañero o a tu compañera, revolcarte en la autocompasión o disponer de una excusa fácil para el fracaso. Algunos hemos aprendido a estar enfermos siempre que queremos recibir atención o comprensión, o siempre que tenemos que enfrentarnos a una evaluación, o siempre que necesitamos un descanso, o siempre que estamos airados.
Sean cuales sean los <<beneficios marginales>> de una enfermedad, es esencial que reconozcas tu propia pauta para que puedas pedir directamente lo que deseas, o concederte unas vacaciones, o enfrentarte a tus miedos, o expresar tus sentimientos, o aprender decir <<no>>, o cualquier otra cosa que esté haciendo tu enfermedad <<por ti>>.
Cuando yo trabajaba de periodista freelance, con poco más de veinte años, solía ponerme enferma cada vez que necesitaba unas vacaciones. Como estaba preocupada siempre por el dinero, solía trabajar siete días a la semana, y ponerme enferma era el único medio que conocía para darme un descanso. Con el tiempo, llegué a reconocer las primeras <<señales de advertencia>> de que necesitaba descansar (solía tratarse de un principio de irritación en la garganta), y entonces me tomaba tiempo libre.
Por fin, ponernos enfermos (o tener <<un accidente>>) puede ser un modo por el que nuestro Yo Superior procura que nuestra vida arranque en una nueva dirección. He visto a lo largo de los años a incontables pacientes que habían evitado el cambio y el desarrollo con torva firmeza, hasta que su Yo Superior decidió que la única manera de <<despertarlos>> sería una enfermedad o un accidente grave. No siempre da resultado, y es un último recurso, pero muchas personas pueden decir sinceramente que tener un cáncer o estar a punto de morir es un accidente de tráfico fue una verdadera bendición oculta que impulsó sus vidas en una dirección nueva y emocionante o que les enseño lecciones valiosas.
Algunas personas tienen experiencias traumáticas a pesar de estar aprendiendo y desarrollándose activamente. Esto suele deberse a que, muy dentro de sí, creen que el desarrollo viene principalmente del sufrimiento. Vale la pena afirmar que las enfermedades y los accidentes no son nunca, nunca, un <<castigo de Dios>>, ni tampoco una deuda kármica inevitable. Dios es amor incondicional y no hace juicios de valor, pues sabe que siempre estamos haciendo lo mejor que podemos. Dios acepta amorosamente todos los errores que cometemos en el viaje hasta nuestro Hogar. Somos nosotros los que hacemos los juicios de valor. Somos nosotros los que nos aferramos a los sentimientos de culpabilidad. Somos nosotros los que elegimos nuestro karma, castigándonos a veces por errores que cometimos en otras vidas (¡sin darnos cuenta de que todas las vidas son simultáneas, y de que podemos cambiar el pasado, u optar simplemente por aprender la lección!). Y a veces nos castigamos a nosotros mismos por medio de las enfermedades y de los accidentes, pues no hemos aprendido todavía a amarnos a nosotros mismos incondicionalmente.
Los siete chakras
La buena salud y la vitalidad dependen de que la energía fluya libremente a través de nuestro cuerpo. Esto significa que debemos permitir que fluyan nuestras emociones, que fluyan nuestras ideas y experiencias, que fluya la vida a través de nosotros; significa que debemos recibir con alegría el desarrollo y el cambio y vivir el momento, en lugar de aferrarnos al pasado. Significa que debemos aprender a dar y a recibir amor, y confiar en el proceso de la vida.
T A B L A DE C H A K R A S
Chakra | Centro | Glándula endocrina | Cuestiones emocionales |
1° | Base de la columna | Suprarrenales | Seguridad y supervivencia; dinero y posesiones; sentimiento de pertenencia |
2° | Sacro (bajo de ombligo) | Gónadas | Placer y sexualidad; ansiedad o angustia por estas cuestiones |
3° | Plexo solar | Páncreas | Emociones reprimidas; sobre todo ira, resentimiento, dolor, celos, tristeza, y miedo; pero también alegría, felicidad, entusiasmo y amor. Autoestima |
4° | Corazón | Timo | Dar y recibir amor. Amor a uno mismo |
5° | Garganta | Tiroides | Comunicación, autoexpresión. Llamado también <<el centro profesional>> (pues nuestro trabajo es el modo en que nos expresamos en el mundo) |
6° | Frente | Pituitaria | Intuición |
7° | Coronilla | Pineal | Nuestra puerta espiritual |
El cuerpo tiene siete chakras, o centros de energía, principales, que están situados a lo largo de la columna vertebral, desde el sacro hasta la coronilla. Cada chakra está asociado a una capa del campo áurico, ese sistema de energía de capas múltiples que rodea el cuerpo físico y lo penetra. Los chakras también están asociados a cuestiones emocionales concretas y a partes del cuerpo determinadas. Los riñones, por ejemplo, son los órganos del segundo chakra, asociados al placer y a la sexualidad. Si tienes miedo de tu sexualidad, o si te sientes culpable por disfrutar, o si desconfías de la felicidad y crees que no puede durar, tu energía vital se quedará bloqueada alrededor de tu segundo chakra, y tu cuerpo puede expresar sus miedos mediante un problema renal.
- Abrir tus chakras
Abrir los chakras incrementa el flujo de energía por el cuerpo y alrededor de él, y mejora por lo tanto nuestra salud física, mental y emocional.
Aprendí de Lazaris esta manera sencilla pero poderosa de cargar de energía y de equilibrar los chakras. Imagínate sucesivamente a cada chakra dando vueltas y haciéndose mayor, empezando por el primero. (Deja que giren en la dirección que te parezca bien; lo más corriente es que giren en direcciones alternas.) Al mismo tiempo, represéntate una explosión de luz del color correspondiente. (Los colores van desde el rojo –del chakra primero- hasta el violeta –del chakra séptimo-, como un arco iris.)
- Tensa tu esfínter anal, mantenlo así brevemente, y relájate a continuación. (ROJO TOMATE)
- Dobla los dedos de los pies, y después relájate. (ANARANJADO)
- Contrae el estómago, y después relájate. (AMARILLO GIRASOL)
- Date varios golpecitos con una mano en la glándula del timo, o en la parte superior del pecho. ¡O bien, limítate a sonreír! (VERDE HIERBA)
- Traga. (AZUL CELESTE)
- Cierra los ojos y levanta la vista. (AZUL MUY OSCURO – AÑIL)
- Imagínate luz VIOLETA, BLANCA o DORADA o una mezcla de ellas alrededor de tu coronilla.
Este ejercicio no lleva más de un minuto. Yo lo he realizado mientras subía o bajaba en un ascensor, o esperando en un semáforo. (No es necesario que cierres los chakras después, a pesar de tantos cuentos de miedo como se cuentan acerca de <<quedarse abierto>>.) Para optimizar los resultados, practica el ejercicio con regularidad: una vez por semana, como mínimo.
Si quieres hacer uso de la energía de un chakra, cierra los ojos y céntrate en esa parte de tu cuerpo. Lleva tu conciencia <<dentro>> del chakra. Después, imagínate que te estás bañando en el color del mismo. (Si el color que te parece adecuado no coincide con el color <<correcto>>, confía en tu intuición.
- Primer chakra: para tomar tierra, o para sentirte seguro y a salvo.
- Segundo chakra: para el placer y la sexualidad.
- Tercer chakra: deja fluir tus emociones, cárgate de energía.
- Cuarto chakra: sentirte lleno de amor y compasivo.
- Quinto chakra: para la comunicación y la autoexpresión.
- Sexto chakra: para la intuición.
- Séptimo chakra: para dilatar la conciencia, para adquirir perspectiva espiritual.
El lenguaje corporal
¿Qué significa que tengas un dolor de cabeza, o te tuerzas un tobillo, o que tengas la piel seca y llena de costras?
Bueno, cada persona es singular y tiene un lenguaje corporal singular, y sólo tú puedes saber lo que significan tus propios síntomas o molestias.
No obstante, las pautas y los temas que indico a continuación son lo bastantes comunes como para servirte de punto de partida si deseas <<pensar>> en lenguaje corporal. No dejes de tener presente que esta lista es como los diccionarios de sueños: sólo resulta útil como primera guía de las posibilidades, pero no debes tomártela muy en serio. La mejor guía del significado de tu enfermedad es tu propia intuición.
- De la cabeza a los pies
- Dolor de cabeza: Conflicto indecisión; desear con frecuencia hacer una cosa pero sentir que <<debes >> hacer otra.
- Migraña: Conflicto, resentimiento reprimido, perfeccionismo.
- Ojos: ¿Qué es lo que no quieres ver? Miopía: no tener la suficiente visión de futuro, no ver las cosas en su perspectiva adecuada. Hipermetropía: vivir en el futuro, no prestar atención a los detalles. Astigmatismo: distorsionar tu realidad. Glaucoma: sentimiento de estar bajo presión: reprimir todas las emociones.
- Oídos/sordera: ¿Qué es lo que no quieres oír? No prestar oídos a la orientación interior.
- Tortícolis: ¿Quién o qué es <<un dolor de cuello>>? Inflexibilidad; indecisión.
- Garganta: Falta de expresión verbal; resistencia al cambio, o a emprender <<el trabajo de tu vida>>.
- Dolor de hombros: ¿Cuáles son las cargas que llevas a cuestas? ¿Llevas encima las preocupaciones o las responsabilidades de otros, a tu costa? ¿Estás dispuesto a dejarlo, o a buscar ayuda o apoyo?
- Pechos: Maternidad, nutrición, feminidad.
- Corazón: Bloqueos que impiden dar y recibir amor o sentir la alegría de la vida; <<descorazonamiento>>.
- Pulmones/asma: Sentirse ahogados, demasiado protegidos; lágrimas reprimidas; sentir que <<no tienes derecho a respirar>>; sentirse indignos; bloqueos que impiden dar y recibir; sentimientos ambiguos sobre el hecho de estar aquí.
- Páncreas: Donde guardamos nuestros sentimientos.
- Hígado: Donde procesamos y clasificamos nuestros sentimientos. (Podemos servirnos del alcohol – que ataca al hígado- como medio para no mirar nuestros sentimientos, pero tenemos que pagar un alto costo.)
- Estómago/vómitos: Algo que no eres capaz de <<tragar>>; que te pidan que aceptes una o varias ideas o experiencias nuevas que <<no eres capaz de digerir>>.
- Úlceras: Miedo; ser compulsivos, perfeccionistas; sentirse indignos.
- Manos: Asociadas al dar (la mano derecha) y al recibir (la izquierda); al aferrarse y al soltarse; a tender la mano a los demás.
- Codos: Dolor o resentimiento reprimido; inflexibilidad.
- Dolor de espalda: Sentirse dolidos, faltos de apoyo; resentimientos o autocompasión reprimidos; intentar ser perfectos; tomarse uno mismo demasiado en serio.
- Caderas: Ira pertinaz.
- Diarrea: No dejarse alimentar; negarnos a <<aceptar>>; huir de algo.
- Estreñimiento: Aferrarse al pasado; retener las emociones; negarse a soltar; falta de confianza.
- Incontinencia: Sentirse descontrolado.
- Enfermedad venérea: Sentimiento de culpa por la sexualidad.
- Cistitis: Sentirse <<meado>> (sobre todo con el compañero o compañera sentimental).
- Lesión de sacro: Preocupaciones por la supervivencia y la sexualidad; por ejemplo, preocupaciones económicas, miedo a la muerte o miedo a <<no poder sobrevivir>> sin tu compañero, sin tu casa o sin tu trabajo.
- Piernas: Nuestra movilidad; nuestra disposición a avanzar.
- Rodillas: Terquedad, inflexibilidad; dolor/resentimiento de la infancia.
- Tobillos: Asociados al placer y a la sexualidad (segundo chakra).
- Pies: Permanecer en contacto con la Tierra; seguridad y supervivencia (primer chakra); <<empezar con buen pie>>, avanzar hacia el futuro.
- Lado izquierdo: Asociado al aspecto <<femenino>> del yo, y a la madre.
- Lado derecho: Asociado al aspecto <<masculino>> del yo, y al padre.
- Enfermedades generales
- Accidentes: ¡Los accidentes no existen! Suelen ser consecuencia de la ira que se vuelve contra el yo; necesidad de un descanso o de un cambio de orientación; necesidad de comprensión y de apoyo.
- Alergias: Ver el mundo como una amenaza; falta de confianza; no reconocer tu propio poder.
- Apoplejía: Negarse a confiar en el proceso de la vida, a seguir el flujo; no hacer caso de la espiritualidad.
- Artritis o reumatismo: Resentimiento, amargura; autocrítica; planteamiento inflexible de la vida.
- Cáncer: Dolor y resentimiento reprimidos; sentirse desesperado/desvalido; falta de sentido y de propósito; necesidad de <<desarrollo>> reprimida; miedo; algo que te <<come por dentro>>. (El lugar donde está el cáncer te dará nuevas pistas.)
- Edema: (retención de líquidos): No dejar el pasado; sentir necesidad de protección.
- Enfermedad de Alzheimer: Cerrarse; escapar del mundo; huir de las emociones.
- Fiebre: Ira reprimida.
- Fracturas de huesos: Un hueso roto indica que tú <<estructura de apoyo>> básica se siente amenazada; es posible que se trate de tu familia, de tu carrera profesional, de tu situación económica o de tu autoimagen; o que tú estés intentando liberarte, pero que te parezca peligroso. (Observa qué es lo que has tenido que dejar de hacer o que retrasar a consecuencia de la fractura, y tendrás pistas sobre qué es lo que temes hacer.)
- Golpe en la punta del pie: Vigila tu apoyo; mantente en contacto con la Tierra.
- Hipoglucemia: Intentar ser perfecto; exigirse demasiado a uno mismo o a los demás.
- Inflamación: Ira reprimida.
- Inmunodeficiencia: Falta de confianza en uno mismo; sentirse impotente o a la defensiva; estar atrapado en la autocompasión; anhelo de amor.
- Problemas de piel: Asociados a la autoimagen, a cómo te presentas ante el mundo. Piel roja/inflamada, furúnculos, quemaduras: ira reprimida. Piel <<llorosa>>; dolor reprimido. Piel seca, con costras; truncar tus emociones, vivir demasiado metido en tu cabeza. Piel con puntos negros: cuestiones de la adolescencia (por ejemplo, identidad personal, miedo a perder el control, conflictos relacionados con la sexualidad y con la intimidad, auto aceptación).
- Resfriado: Autocompasión; lagrimas reprimidas; necesidad de un descanso; confusión e incertidumbre; liberación de toxinas.
- Rigidez: Ser inflexible, estar atascado en tus ideas.
- Síndrome premenstrual: Intranquilidad acerca de la feminidad; falta de confianza en el flujo natural de la vida; no reconocer tu poder.
- Sinusitis: Lagrimas o dolor reprimido; irritación con alguien.
- Tensión arterial alta: Ira y resentimiento reprimidos hacia miembros de la familia (por ejemplo, tu compañero sentimental, tus padres).
- Tensión arterial baja: Rendirse; falta de compromiso con estar en el mundo.
- Trastornos de la sangre: Relacionados con los <<lazos de sangre>> (es decir, con los que tú consideras <<tu familia>>); problemas emocionales o conflictos en estas relaciones.
¿Qué significa tu enfermedad?
Sean cuales sean tus síntomas o tu enfermedad, debes dar seis pasos para descifrar el mensaje de tu cuerpo y para saber qué acción debes tomar. Siéntate con un cuaderno y con un lápiz, para que tu Yo Básico sepa que te lo estás tomando en serio.
No te culpes a ti mismo por haberte puesto enfermo, ni te castigues por ello. Limítate a asumir la responsabilidad de tu enfermedad, confiado en que tiene un buen motivo, y recibe alegremente la oportunidad para aprender y para crecer. (¡Por otra parte, guárdate de glorificar la enfermedad como un proceso de aprendizaje, o podrías quedarte enganchado al hecho de estar enfermo!)
En primer lugar, descifra el <<lenguaje del cuerpo>>. ¿Qué metáfora está utilizando tu cuerpo? ¿Qué está expresando tu cuerpo de manera simbólica? ¿Con qué chakra está asociada la parte afectada? ¿A qué cuestiones de tu vida actual podría estar vinculada? Estudia todas las posibilidades y determina cuál te <<dice algo>>.
En segundo lugar, ¿cuáles son las ventajas de tener esta enfermedad? Sé sincero contigo mismo. ¿Te está ofreciendo un par de días de descanso, o el amor o el apoyo de tus seres queridos, o una excusa para evitar una obligación no deseada o una decisión difícil? ¿O es una excusa para un fracaso, o una manera de castigar a alguien, o una oportunidad para sentir lástima de ti mismo? ¿Se trata de una manera, bastante mala, de decir <<no>>? En tal caso, ¿cómo podrías conseguir estas ventajas de una manera más sana y más positiva?
En tercer lugar, ¿cuáles son las necesidades no cubiertas o las emociones reprimidas que has estado pasando por alto? ¿Qué emoción o emociones está intentando expresar tu Niño Interior?: ¿tristeza?, ¿resentimiento?, ¿miedo?, ¿dolor de una pérdida?, ¿amor? ¿Qué necesidades no satisfechas te está intentando indicar tu Yo Básico?: ¿La necesidad de calor humano y de afecto?, ¿la necesidad de salir al aire libre y de hacer ejercicio?, ¿la necesidad de comer más ensaladas y más fruta fresca?, ¿la necesidad de practicar una actividad que dé salida a tu creatividad?, ¿la de sentirse necesario?, ¿la necesidad de recibir el reconocimiento de los demás?, ¿la necesidad de enfrentarse a más desafíos?, ¿la necesidad de más diversión y descanso? ¿En qué modo o modos no te estás amando y apreciando a ti mismo?
En cuarto lugar, ¿cuáles son las creencias o las actitudes que fomentaron el desarrollo de esta enfermedad? ¿Cómo has programado tu cuerpo para que se ponga enfermo? Por ejemplo: <<Siempre tengo resfriados en el invierno>>; <<Todo el mundo tiene la gripe en esta época>>; <<Tengo antecedentes familiares de enfermedades de corazón>>; <<Siempre que como comida china, me siento mal>>; <<No se puede esperar tener una salud perfecta al irse haciendo uno viejo>>. ¡Las creencias de este tipo son mucho más peligrosas que los microbios y los virus!
En el siglo XIX, un médico se tragó todo un frasco de bacilos activos del cólera para demostrar (con éxito) que un cuerpo sano no sucumbe a la infección ni a la enfermedad. Los que nos ponen enfermos no son los microbios ni los virus: ¡somos nosotros! Los factores fisiológicos pueden tener un impacto, y de hecho lo tienen, pero por sí mismos no bastan para provocar la enfermedad.
En quinto lugar, pregúntate a ti mismo cómo debes actuar. ¿Cuál es la lección que debes aprender, y cómo puedes demostrar que la has aprendido? ¡Comprender el mensaje de tu cuerpo es una pérdida de tiempo, a no ser que actúes en consecuencia! Esto puede parecer evidente, pero yo sé con cuánta frecuencia he recibido un mensaje claro (como <<Pasa más tiempo en la naturaleza>>, <<Bebe más agua>>, o <<Busca un nuevo pasatiempo creativo/artístico>>), pero he tardado un año a más en obrar en consecuencia, a pesar de haber recibido frecuentes recordatorios.
Por último, céntrate en la salud más que en la enfermedad, y contémplate a ti mismo con perfecta salud. Recibimos aquello en lo que nos concentramos. Cuanto más pensamos en la enfermedad y en los síntomas, más probable es que los creemos. Por encima de todo, toma la decisión de ponerte bien.
(Nota: Los niños y los animales domésticos son muy sensibles a las energías que los rodean, y suelen caer enfermos como reacción a la tensión y a los conflictos en el hogar; de modo que si tu perro vomita o se vuelve agorafóbico (sensación de angustia ante los espacios abiertos), vale la pena que te preguntes si está reflejando cuestiones tuyas.
- Reunirte con tu enfermedad
Relájate a fondo e imagínate que estás en un bosque. Es una noche de luna, y los árboles se recortan sobre la luz plateada. Abre tus ojos interiores y ve el bosque que te rodea. Oye los gritos de los búhos y siente el susurro de la brisa. Después, busca un sendero que conduce hasta lo más hondo del bosque y empieza a caminar por él, pasando por encima de árboles caídos, apartando las ramas bajas, oyendo el crujido de tus pasos entre las hojas del suelo.
En el corazón del bosque llegas a un claro cubierto de hierba, brillantemente iluminado por la luna. Te quedas quieto en el centro del claro y te pones a esperar. Pides mentalmente que tu enfermedad (pasada o presente) venga a ti. Puede adoptar la forma de una persona, de una criatura o de un objeto, o es posible que sólo percibas una presencia.
Cuando llegue, salúdala como a una amiga. Di que te alegras de verla, pues esperas aprender de ella. Dile que sabes que tiene (o que tenía) un mensaje importante para ti, y que estás deseoso de comprender este mensaje. Pregunta a tu enfermedad qué ha venido a enseñarte. Después, espera con paciencia la respuesta, que puede venir en forma de palabras que oyes, de pensamientos, de imágenes, de símbolos o de recuerdos. Asegúrate de que tienes claro qué acción debes realizar, y pregunta a la enfermedad si está dispuesta a dejarte suponiendo que tú realices esa acción. En caso contrario, ¿qué más debes hacer? (Sabes que todas las respuestas están dentro de ti. Tú creaste la enfermedad, tú sabes lo que significa, y tú sabes sanarla. Lo único que necesitas es acceder a tu propia sabiduría.) No olvides dar las gracias a tu enfermedad por su mensaje.
Por último, pide a tu guía que acuda a tu lado, y solicítale la sanación. Tu guía puede sanarte directamente, o puede trabajar con tu enfermedad. Pide que prosiga la sanación durante los días, las semanas y los meses venideros si es necesario, y dale las gracias. Imagínate a ti mismo sano. Siente que tu cuerpo palpita de salud y de vitalidad. Después, vuelve suavemente a la habitación.
Sanarte a ti mismo y a los demás
Otra manera de trabajar con la enfermedad es pedir a tu subconsciente, a tu Yo Básico, un símbolo de la misma, y transformar ese símbolo en otro que resulte más positivo, más saludable y más armonioso. Una consideración importante es que las imágenes que crees deberán ser benignas y amistosas. Si creas la imagen de un campo de batalla donde tu sistema inmunológico ataca valientemente a una turba de bacterias invasoras (los caballeros blancos contra los malos), estarás reforzando la idea de que el cuerpo tiene que <<combatir>> la enfermedad, y lo estarás convirtiendo en una lucha. Por el contrario, puedes imaginarte que los caballeros blancos toman de la mano a las bacterias, pequeñas, débiles y confusas, y que les enseñan delicadamente la puerta de salida, suponiendo que se han perdido. ¡Hazlo fácil!
Cuando padecía tinnitus (ruido de las campanas en los oídos), decidí trabajar con el síntoma de este modo. En un viaje interior, me encontré en un desierto ante una larga hilera de monjes vestidos con túnicas de color azafrán, que estaban haciendo sonar campanillas solemnemente, al unísono. ¡Hacían un ruido tremendo! Me acerqué a ellos, e hice una reverencia a cada uno al tiempo que le ofrecía una pluma de avestruz a cambio de su campanilla. Recorrí toda la hilera, cambiando sus campanillas por plumas, y los dejé a todos agitando sus plumas de avestruz al unísono, ¡en un delicioso silencio! El ruido de campanas que tenía en los oídos se me alivió mucho.
También puedes comunicar mensajes a tu Yo Básico por medio de afirmaciones y de rituales. Los médicos suelen hacer uso de ambas técnicas. Te hacen una afirmación del estilo de: <<Estoy seguro de que verá que estas píldoras le sientan bien>>, o <<El problema se sanará por sí mismo en pocos días>>, y puede que realicen un rito, tal como entregarte una receta, examinarte o practicar una operación. ¡Las personas que tienen una confianza y una fe infantiles en los médicos suelen descubrir que cualquier pastilla o jarabe hace milagros en ellos, lo que confirma su fe en la maravilla de la medicina moderna!
En un estudio del tratamiento por electrochoque (un horrible tratamiento de la depresión en el que se electrocuta levemente el cerebro de las personas), se descubrió que una de las máquinas que servían para aplicar las descargas no funcionaba desde hacía varios meses; ¡pero el resultado había sido el habitual! Lo que <<funcionaba>> era el rito, no las descargas eléctricas. (¿En qué medida da resultado la cirugía moderna por la misma razón? Someterse a una operación, desde luego, es un mensaje poderoso –traumático- para tu Yo Básico.)
Los niños responden especialmente bien a los rituales sencillos, tales como el de <<curarlo con un besito>>, ¡pues todavía no les han enseñado que la magia no funciona! Hace algunos años hice una visita a un amigo mío que tenía graves problemas en su matrimonio. Su hija pequeña tenía dolor de oídos, y yo le pregunté cómo era ese dolor. Ella me dijo que era un insecto negro con ojos rojos y que se movía. Yo le puse las manos sobre el oído afectado y le dije:
- Di al insecto que se marche y que se busque otra casa, porque ésta es la tuya.
(Yo sabía que su dolor de oídos era consecuencia de que ella oía las discusiones de sus padres. Su madre tenía relaciones con otro hombre, cuyo símbolo era el insecto invasor.) Cerré las manos sobre el <<insecto>> cuando éste salió del oído de la niña, lo llevé a la puerta trasera y lo dejé <<salir volando>>. Al desaparecer el insecto, desapareció también el dolor de oídos de la niña.
Naturalmente, siempre que nos sometemos a técnicas de sanación o terapias holísticas, es importante que <<captemos el mensaje>>; de lo contrario, los síntomas se repetirán, o tendremos que recibir el mensaje bajo otra forma.
Si recurrimos, por ejemplo, a la acupuntura o la homeopatía para aliviar los síntomas, sin preguntarnos también a nosotros mismos cuál fue la causa del problema, o cómo intenta ayudarnos el cuerpo, entonces no estamos practicando más que el equivalente <<holístico>> de tomarnos una aspirina o un tranquilizante.
En las islas Hawai aprendí un método sencillo pero eficaz de sanación llamado <<kahi>> (unidad). Puede ser utilizado con los niños y con los adultos, e incluso como técnica de auto sanación. Lo único que hay que recordar son los puntos de fuerza del cuerpo y tres pasos para su empleo.
Los puntos de fuerza son: la coronilla, la frente, el pecho, la nuca, el ombligo, el monte púbico, la base de la columna vertebral, los hombros, las caderas, las palmas de las manos y las plantas de los pies. Son fáciles de recordar, pues se corresponden con los siete chakras principales, además de las <<esquinas>> del tronco (las caderas y los hombros) y el final de las extremidades (palmas de las manos, plantas de los pies).
Los tres pasos del kahi son los siguientes;
- Cárgate de energía; es decir, haz fluir bien tu propia energía. Un método rápido consiste en frotar vivamente las palmas de las manos. (¡Tiene la ventaja añadida de que te calientas las manos antes de tocar a tu paciente!)
- Pon una de las manos sobre la zona afectada (es decir, allí donde está la molestia), y la otra mano en un punto de fuerza lejano pero que se alcance cómodamente. (Por ejemplo, si se trata de un niño con una rozadura en la rodilla, pon una mano en la rodilla, y puedes poner la otra en su frente o en su hombro.)
- Céntrate en tus manos y respira normalmente. No intentes enviar energía, ni intentes hacer nada. Sigue así durante uno o dos minutos. (Si el paciente no nota ningún cambio al cabo de veinte segundos, prueba con otro punto de fuerza.)
La sanación se produce sencillamente porque estás cerrando un circuito de energía, de tal modo que la energía empieza a fluir de nuevo a través de la zona afectada. Si la energía fluye normalmente, no habrá síntomas. Pruébalo: ¡funciona!
Sanación a distancia
La misma técnica puede utilizarse para sanar a los demás a distancia. Sostén en la mano izquierda un objeto que simbolice a la persona (puede ser su nombre escrito en un papel) y, en la mano derecha, un símbolo de la energía o de la cualidad que desea enviarle (como un cristal de cuarzo para la sanación general), o esa cualidad escrita en un papel. Después, limítate a concentrarte en tus manos, respirando normalmente, durante uno o dos minutos.
Un amigo mío que estudiaba meditación en Nepal subía trabajosamente por la ladera de una montaña para asistir a su sesión habitual de la mañana. Se sentía cansado y agotado, y se preguntaba por qué se estaba obligando a sí mismo a pasar aquella dura prueba. De pronto, empezó a subir con mucha fuerza y muy firme, como si le hubieran inyectado energía. Sorprendido, miró a su alrededor y vio, a cien metros de distancia, a un lama tibetano, que le dirigió una reverencia con una gran sonrisa. (Algunos días antes, mi amigo había visto a ese mismo lama desmaterializarse parcialmente mientras hacía sonar una campana.)
Toda la energía, toda la conciencia está interconectada, por lo cual sanar a distancia no es problemático, ¡a no ser que nuestra mente racional se crea que lo es! Hace poco comí con un amigo en una taberna de pueblo, donde nos atendió una camarera que estaba tensa y malhumorada. Sentados en una mesa del jardín, decidimos enviarle energía sanadora para que la utilizase como quisiera. Yo me imaginé que me entraba en el chakra de la coronilla un chorro de luz que salía de lo alto (de tal modo que estaba accediendo a la Fuente universal), y le envié rayos de amor y de luz de de mi chakras del corazón y de la frente. Percibí que ella estaba absorbiendo la luz, en vez de rechazarla. ¡Cuando llevamos nuestros platos y nuestros vasos a la barra, vimos con alegría que ella estaba riéndose y sonriendo a los clientes, como si fuera una persona diferente! ¿Una coincidencia? No hay manera de saberlo; pero es sorprendente la aparente eficacia de enviar amor y de luz.
- Enviar amor y luz
Sintonízate con el Espíritu e imagínate un puente de luz que te sale del corazón y que rodea a la otra persona en una burbuja de luz. (No es necesario que sepas dónde está la personaJ Mantente centrado en tu corazón y di las palabras que te parezcan adecuadas, como: <<Acepta, por favor, esta luz, y úsala como desees/ úsala para tu auto sanación/ úsala para liberar el pasado/ úsala para conectarte más profundamente con tu Yo Superior>>. Intenta percibir si la luz está <<rebotando>> o si es aceptada, y advierte el modo en que esto se corresponde con cualquier cambio aparente en la persona. (Evidentemente, no deberás servirte de esto para intentar cambiar a nadie para tu propio beneficio. Afirma siempre que la persona puede usar la luz o no usarla, a voluntad.)
Cambiar nuestro ADN
Una de las posibilidades de sanación más asombrosas es la de cambiar nuestra estructura genética. Al irse aproximando la Nueva Era, el ADN de la humanidad sufre cambios profundos por todo el mundo. Por raro que parezca, cada vez son más las personas que creen que es posible reprogramar nuestro propio ADN, o solicitar ayuda invisible para hacerlo.
Vi hace poco tiempo a una mujer que había hecho un largo viaje para consultarme. La había visto hace dos meses, y desde entonces su vida había mejorado tanto que ella no sabía con seguridad por qué había venido otra vez. En nuestra conversación, me habló de un problema genético que había heredado de su madre. Yo supe de pronto por qué había venido. <<A tu guía le gustaría cambiar la estructura ADN>>, le dije sin pensarlo. En efecto, su guía deseaba aprovechar esta oportunidad para sanar su problema hereditario, y la informó de que en los seis meses siguientes notaría una gran mejoría.
En los tres últimos años me he encontrado trabajando cada vez más con la estructura del ADN, a veces de manera muy inesperada. Siempre que cambiamos nuestras creencias, nuestras actitudes, nuestros deseos o nuestras pautas emocionales, el cambio es mucho más poderoso y duradero si pedimos que sea absorbido en nuestro ADN, dado que este lleva el plano de construcción de nuestro futuro. Basta con que pidas que suceda, y el proceso se pone en marcha. Nuestro ADN no es un mapa fijo, sino que es dinámico y está cambiando constantemente.
Sea lo que sea lo que deseamos cambiar acerca de nuestra salud, de nuestro cuerpo, de nuestras vidas, basta con que lo pidamos y esperemos el consejo. Apenas hemos empezado a percibir las posibilidades de nuestra conciencia humana.
- Cambiar tu ADN
- Relájate a fondo e imagina que estás inhalando luz blanca, que estás llenando de luz tus pulmones y tu pecho. La luz llena poco a poco tu cuerpo, tus piernas, tus brazos, tus hombros, tu cuello y tu cabeza. Cuando sigues inspirando, la luz se derrama más allá de tu piel y te rodea en forma de una burbuja de luz blanca. Deja que la burbuja de luz se quede estabilizada en un tamaño determinado, ya sea de un metro y medio o de seis metros de diámetro.
A continuación, recuérdate a ti mismo cuál es el problema físico o emocional que deseas sanar. Imagínate que en algún punto, a lo lejos, está la energía del ADN sano que puede reemplazar al tuyo. Ve o percibe esta energía, y llámala hacia ti. Imagínate que la energía se acerca y recubre la burbuja de luz que te rodea. Sigue llamando la energía hacia tu cuerpo, y ve o percibe cómo se absorbe en tu burbuja de luz. Siente cómo entra en tu cuerpo y pídele que entre en el ADN de tus células. Concédete cierto tiempo para absorber la energía. ¡Relájate, y disfruta!
Por último pregunta mentalmente si necesitas hacer algo para ayudar al proceso de sanación. (Por ejemplo, cuando yo trabajé con mi astigmatismo hereditario, se me guió para que relajara los pequeños músculos de detrás de los ojos siempre que me acordase de hacerlo. Vale la pena recordar que muchas enfermedades <<heredadas>> no se transmiten genéticamente, sino por pautas emocionales y de conductas aprendidas de nuestros padres.)
- Alternativamente, puedes pedir ayuda a tu guía. Reúnete con tu guía en los planos interiores y solicita la sanación de tu ADN. Éste puede rodearte de luz, tenerte de la mano mientras se transmite la energía, o tocar tu cuerpo.
(Repite el método elegido siempre que te parezca necesario, hasta que sientas que la sanación está completa.)
Recuerda, por último que nosotros cocreamos nuestra realidad. Somos individuos, pero no estamos separados. El hecho de que tú no tengas el sida, por ejemplo, no significa que no sea problema <<tuyo>>. Es un problema nuestro entre todos hemos creado el sida como cuestión mundial, y tiene consecuencias para todos los que son conscientes del mismo. Vale la pena que te preguntes qué significa para ti el sida, o las enfermedades del corazón, o el cáncer. ¿Por qué los has creado en tu mendo? ¿Qué cuestiones te plantea? ¿Qué oportunidades de aprendizaje y de desarrollo te ofrece a ti?
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