Estoy tomando clases de salsa, nunca aprenderé a bailar como una verdadera salsera, pero cuando menos me distraigo y me divierto.
El asunto es que anoche cuando terminaba mi clase e iba hacia los casilleros, vi a una pareja: ella una mujer joven que siempre ha sido soltera, profesionista, hija única, consentidaza de la vida. Él, el esposo (o tal vez ex) de una conocida, también brillante profesionista, madre de su hijo, compañera de vida, etc etc etc
Mi primera impresión fue voltear a verlos a mandíbula a medio caer, en mas de una ocasión, veía como ella lo acariciaba, le hacía cariñitos, y como el, simplemente se dejaba querer, me turbé, me puse nerviosa, tiré las cosas de un compañero, en fin !Hasta parecía que el marido era mío!
Salí del lugar con la clara imagen en mi mente. Me subí a la camioneta pensando en los sentimientos que estaba experimentado, tratando de ponerles nombre para definirlos, entender el porque me había turbado tanto y darles salida.
Me senté frente al volante y reconocí, primero, estoy enojada, estoy enojada y no porque la esposa fuera mi amiga, no, no, no, estaba enojada porque no entiendo como es que las mujeres seguimos haciéndonos daños las unas a las otras!
!No es posible que vayamos por la vida quitándole el marido. el novio, el amante, el trabajo. las amigas amigos, a las otras mujeres!
¿Qué nos hace falta para aprender a respetarnos entre nosotras?
No se vale que nos quejemos de los hombres y de lo infieles que son si, de entrada digamos que el 80% de ellos nos engañan con otra mujer, y de ese 80%, el 80% sabe que el hombre esta en otra relación, y aún así no les importa, deciden estar con ellos a costa de quien sea: esposa, novia, amante y lo mas triste, hijos.
Y no sólo es en ese ámbito, no recuerdo haber tenido peor experiencia laboral que cuando mi superior fue !mujer! Me perseguía, me maniataba, me trataba de desprestigiar, no pude subir de puesto, me hizo la vida tan miserable que dejé ese trabajo que, de no haber sido por ella, era excelente.
Cada día las mujeres somos más capaces, independientes, profesionales, cada vez ocupamos mejores lugares en los puestos públicos, pero, ¿de qué nos sirve si como genero nos atacamos hasta dejarnos heridas de muerte?
Yo no digo que seamos ni todas, ni la mayoría, ni algunas, no se ni quienes si ni quienes no, lo que sí digo es que hemos perdido la empatía de género, y mientras no nos apoyemos seguiremos pisando las unas a las otras para evitar que esta o aquella sobresalga.
Mujeres vamonos respetando y dando la mano ¿no?
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