"Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias". Filipenses 4: 6 A través de toda mi vida he practicado toda clase de oraciones en distintas circunstancias, las cuales Dios ha respondido. A veces la bendición de Dios ha sido tan abundante que de mi corazón solamente salían palabras de agradecimiento; otras veces la crisis, la prueba, se hacía tan cruel y tan amarga que me acerque a Dios expresando gemidos de mi corazón. Y me he dado cuenta de que entre esos dos extremos en todos los pasos intermedios, el Padre escucha la oración de sus hijos. Recuerdo una vez en que al comenzar el día lunes le dije al Señor: " Esta semana no quiero pedirte nada en oración, sólo quiero darte gracias". Comencé a agradecerle por las cosas que El ya me había dado y en realidad era un precioso contraste o sea el cambio de agradecimiento por la acostumbrada forma de pedir en oración. Continúe el martes y el miércolesdándole gracias al Señor por todas las cosas que me había dado. De pronto, comenzaron a surgir algunos problemas y necesidades: mis hijos estaban lejos del hogar, y ciertos temores nacieron en mí, pero había hecho una promesa: agradecer y no pedir; entonces, en lugar de decir: "Señor, guárdalos", ore "Señor, gracias porque hoy los estás guardando. Tus ángeles los acopañan y los guían en todos sus caminos, guardas sus pies de caminar en error, sus mentes de pensamientos negativos, sus cuerpos de toda enfermedad y accidente". Y así sucesivamente por lo recibido y por lo que esperaba recibir. Y en realidad descubrí que, darle gracias al Señor por anticipado por el bien que deseo recibir, da un resultado magnífico obrando en nuestras vidas para crear las circunstancias que nos traerán el bien divino que Dios nos tiene preparado, pruébelo como una variedad en su vida de oración, comience a darle gracias no sólo por lo que ya ha recibido, sino déle gracias por lo que desea recibir; agradézcale con expectativa de la bendición que ya viene en camino. Para mí, desde aquella semana que decidí agradecer y no pedir, fue tan revolucionaria la experiencia, que la practico con frecuencia.
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