Canción de Navidad
No todo es fiesta, porque, al lado de unos cuantos que ríen, siempre habrá otros que lloren, y a veces, por las mismas razones
José Saramago Las intermitencias de la muerte
“El fin de año huele a compras, / enhorabuenas y postales / con votos de renovación”.
Huele a todo menos a renacimiento. Hoy podemos leer en los diarios que el éxito de la Venta Nocturna de los grandes almacenes es lo que marca el inicio de la Navidad. La Navidad, una tradición católica que se vacía de sentido poco a poco ante la insensibilidad humana y la vorágine consumista.
Las compras ocupan el tiempo del Adviento, de la preparación para recibir el mensaje de amor, paz, tolerancia, fe y esperanza del niño Jesús que quiso nacer en la estrechez de un pesebre para invitarnos a la sencillez.
“La gente luce estar de acuerdo, / maravillosamente todo / parece afín al celebrar. / Unos festejan sus millones, / otros la camisita limpia y hay quien no sabe qué es brindar”.
Época del año que evidencia el drama contemporáneo de la riqueza mal distribuida que deviene en pobreza excesiva.
Época que invita a amar al otro como a sí mismo. Amor que implica sacrificar ganancias personales y compartir los bienes para reducir los males de la población, para que así, todos podamos vivir sin hambre, sin sed, sin frío.
Época que invita a promover la paz en un mundo disparatado. En un país donde se ultima y criminaliza a los defensores y defensoras de derechos humanos y a periodistas; en un estado donde se encarcela a las mujeres de manera injusta.
Época que invita a la tolerancia ante la diversidad de sexo, raza, color, credo e idioma, en un momento histórico que pretende homogeneizar a las personas. En un país donde se critica a los que profesan una religión diferente a la imperante, donde se obstaculiza la legitimización de parejas del mismo sexo, donde ser indígena es un factor de riesgo.
Época que invita a recuperar la fe y esperanza en algo, en alguien. Para creer que la construcción de la democracia es posible, a pesar de que, a nombre de la misma, diputados y diputadas abusen de nuestro dinero embolsándose cuantiosos sueldos, aguinaldos y bonos de fin de año. A pesar de que tengan que pasar nueve años para hacer justicia a una mujer que fue violada de manera flagrante por militares.
Época que invita a cumplir las promesas pequeñas y grandes, públicas y privadas, individuales y colectivas. A construir una comunidad donde no haya que sangrar para vivir.
“Tener no es signo de malvado / y no tener tampoco es prueba de que acompañe la virtud; / pero el que nace bien parado, / en procurarse lo que anhela / no tiene que invertir salud”.
Momento para ser conscientes de que la propia vida afecta la del prójimo, para voltear a ver al necesitado y asumirnos implicados en su bienestar. Momento para amar sobre todo al que nadie mira ni considera.
“Por eso canto a quien no escucha, / a quien no dejan escucharme, / a quien ya nunca me escuchó: / al que su cotidiana lucha / me da razones para amarle: / a aquel que nadie le cantó”.
Que la navidad sea contigo una realidad, una vivencia, no un momento ni una teorización. No hagamos letra muerta esta preciosa canción de Silvio Rodríguez sino un poema que estimule renacer a la bondad; a creer en el prójimo y en sí mismo, porque justo ahí habita Dios.
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