Todos y todas hemos tenido la experiencia de haber sufrido maltrato, engaños, infidelidades, faltas de respeto, abusos y largo etcétera de diversos tipos de agresiones. Cuando esto nos ocurre, además de enojarnos o molestarnos con quien nos ha agredido, esa acción se queda guardada en nuestra memoria; cada vez que recordamos el hecho, volvemos a revivir ese enojo. No obstante, la acción ya pasó… pero sigue incomodándonos y probablemente alberguemos pensamientos vengativos que corroen nuestro bienestar; a eso se le llama odio o rencor, una emoción que desgasta y que puede durar años. ¿Vale la pena seguir con nuestra vida enojándonos con algo que ya no existe en el aquí y el ahora? ¿Cómo poder dejar ir y continuar con nuestras vidas con mayor plenitud y libertad?
Según Walter Riso: “Acercarse al perdón es una experiencia que trasciende. Es como un proceso por el cual la persona se transforma y alivia la carga negativa del rencor y los paradigmas más rígidos se trasmutan en algo parecido al desapego.”
Perdonar no implica olvidar ni continuar nuestras vidas como si nada hubiese pasado. Tampoco significa renuncia a nuestra dignidad. Al perdonar logramos ponerle fin al rencor y al deseo de venganza que tanta tranquilidad nos quitan; al perdonar logramos liberarnos, sentirnos con mayor ligereza y bienestar.
¿Cómo le hago para perdonar a quien me ha agredido? De acuerdo con el mismo autor, podemos lograrlo de las siguientes maneras:
- El amor. Por ejemplo: ¿cómo odiar a un hijo?
- La comprensión, lo cual involucra ponerse en los zapatos del otro y de entender empáticamente; no se trata de buscar “justificaciones” sino de discernir las acciones del otro. Tal vez después de hacer este análisis empático y objetivo, nos demos cuenta de que probablemente habríamos hecho algo similar.
- El desgaste, pues odiar cansa y nos hace sufrir. Es decir, perdonamos en un acto hacia uno mismo para liberar la carga del innecesario sufrimiento.
Todos y todas podemos hacerlo. No es fácil, pero es posible y sano. Es un proceso muy sofisticado que bien vale el esfuerzo, pues no sólo nos engrandece sino que además nos libera dando lugar al bienestar.
Comentarios