Autoestima
Profa. Gloria Fernández Camacho
Cultivar una idea positiva de nosotros mismos beneficia enormemente a nuestra familia. Aceptarnos, apreciarnos, felicitarnos cuando logramos algo nos vuelve más capaces de fortalecer nuestra seguridad y la de nuestros hijos.
Autoestima es el valor que nos damos a nosotros mismos y tenerla alta nos hace sentir satisfechos de lo que somos; es una combinación de confianza, respeto y aprecio por nosotros mismos.
Una persona con autoestima alta está convencida de que tiene algo para ofrecer a los demás, que lo que hace es importante y que es capaz de lograr lo que se propone. Se siente responsable, hábil y trata de hacer las cosas lo mejor posible, pero no busca la perfección ni necesita la aprobación de los demás.
Una persona con autoestima débil siempre cree que no es valiosa, suele sentirse deprimida, triste con su vida y, frecuentemente, deja pasar las oportunidades buenas, pues cree no ser merecedor de ellas. A veces, trata de impresionar a los demás y hasta puede comportarse agresivamente para esconder su inseguridad.
Los primeros años de vida son los más importantes en el desarrollo de la autoestima. La formación de su personalidad depende de la imagen que se forme de sí misma y esta imagen depende de lo que percibe de lo que los demás piensan de ella, en especial sus padres. Los progenitores tienen la enorme responsabilidad de fomentar la autoestima en los hijos y de crear en ellos una valía que los lleve a superar retos por sí mismos.
Los hijos absorben de manera muy profunda las opiniones y descripciones que hacemos de su carácter, habilidades y puntos de mejora. Nuestras palabras deciden en un alto grado la clase de personas que llegarán a ser. Por eso, es importante cuidarlas y evitar cualquier clase de burla o calificativo negativo.
Incluso los elogios afectan la seguridad de los hijos, pues si son en exceso se acostumbrarán a ellos y se volverán necesarios ante cualquier esfuerzo que realicen.
¿Cuál es la diferencia entre elogio y estímulo?
Un elogio se enfoca en la persona, en cambio el estímulo no se dirige al niño, sino a sus acciones. La diferencia es mínima, pero muy importante.
Para estimular al niño basta describir su conducta y demostrarle lo satisfechos o agradecidos que estamos por ella, pero no significa negar sus fallas (te agradezco que guardaste tus libros en la mochila, ya sólo te falta guardar tus juguetes).
Cada vez que los niños intentan y consiguen algo solos su confianza se fortalece y su autoestima crece. Entre más obstáculos haya vencido, más fuerte será y más capacidades adquirirá.
Es difícil para los padres no intervenir y dejar que sus hijos fallen o se frustren antes de lograr lo que desean. Su responsabilidad es acompañarlos, apoyarlos, pero sin sobreprotegerlos; estar presente sin hacer las cosas por ellos.
Para ayudar a sus hijos a construir una autoestima alta, es indispensable trabajar en su propia valoración, cultivar su autoestima le hará un enorme bien a toda la familia.
Recomendaciones
-Revisa lo que piensas y lo que dices de tu hijo.
-No lo etiquetes, los niños tienden a actuar de acuerdo con lo que se espera de ellos.
-Aprecia los aspectos positivos de tus hijos.
-Reconoce sus logros, pero no le mientas sobre sus errores.
-Motívalo a superar obstáculos y a realizar mayores esfuerzos de acuerdo a sus posibilidades.
-Déjalo intentar, equivocarse y descubrir cómo resolver los problemas.
-Nutre y cuida su propia autoestima.
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