Aunque la herida nos sangre y nos duela,
en la escuela de la vida se aprende.
Los errores serán nuestros maestros,
y con el tiempo seremos más fuertes.
Así aprendí a saltar altas paredes,
a atravesar tormentas en el vuelo,
a subir de a peldaños, escaleras,
y a inspirar aire limpio hacia mi cuerpo.
Porque para avanzar en esta vida
no podemos hacer siempre lo mismo.
Todo es esfuerzo, no existe la suerte.
Podemos trasformar nuestro destino.
Volar cual golondrinas en el cielo,
que buscan nuevo rumbo en los inviernos,
y siguen intentando otro destinos
que las conduzcan a un verano eterno.
Porque se aprende mucho en esta vida,
a valorarse y quererse uno mismo,
a romper cadenas y abrir la mente,
a salir de las sombras que envejecen.
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