ANSIABA SOLO MIRARTE

 
Hoy es el dia mas feliz de mi vida! – Exclamo Sara.
No lo puedo creer. Me caso!
Gracias queridos padres por todos estos años...
Y con su vestido blanco, corona en la frente y ramo de flores en la mano,
entro la novia bajo el palio nupcial.
 
Sara fue guiada y ayudada ya que era ciega.
Jamas pense que lo lograria, pero Dios escucho mis rezos
y recogio mis lagrimas! – Susurro.
El radiante novio, David, con su traje negro,
esperaba a su singular princesa.
Los invitados, unidos por la tierna melodia del violin,
no podian contener su emocion al presenciar un suceso tan inusual.
 
Termino la fiesta y comenzo la verdadera vida en pareja,
en la cual el unico anhelo de ambos era hacer feliz al otro.
David la trataba muy bien, la ayudaba, hablaba con ella,
la escuchaba, la mimaba, la respetaba a ella y a sus padres
y sobre todo sentia un indescriptible amor y cariño.
Ella, en la medida de lo posible, intentaba hacer todo
para servir y poner contento a su marido.
 
El tiempo transcurria y solo se respiraba
una envidiable armonia en el hogar.
Habia salidas, paseos, compras, charlas, risas e intimidad.
Solo una cosa le faltaba a Sara para sentirse plena;
el poder ver, de lo que ella se imaginaba subjetivamente,
el amanecer en las montañas, el atardecer en el mar,
el color del cielo y de las rosas y, por supuesto,
la sonrisa de su esposo.
 
Cierto dia se enteraron que habia un medico
que hacia trasplante de cornea.
Era una operacion novedosa, riesgosa y cara,
aunque valia la pena probar.
Con ansiedad se entrevistaron con el doctor,
pero grande fue la decepcion cuando les dijo
que habia muchos pacientes interesados
y pocos donadores compatibles.
 
Podria ponerlos en lista de espera.
El estimaba, segun su experiencia, que tardaria
unos 15 años en concretarse.
La pareja, teniendo la esperanza que ocurriria un milagro,
siguio adelante como si nada hubiera pasado.
 
A los pocos dias, entro David a la casa y le dice a Sara:
Me llamo el Dr. Encontro unas corneas sanas para vos.
Pidio que te hagas los estudios, que paguemos
y en cuestion de semanas podras ver.
 
Inmensa fue la alegria.
Se abrazaron, lloraron, celebraron y bailaron.
 
Y llego el dia. Desde la madrugada se prepararon
y junto a los padres fueron al hospital.
 
Antes de entrar a la sala de operaciones,
David tomo la mano de Sara,
le deseo suerte y le dijo con voz pausada:
Se que cuando despiertes y puedas ver,
una dicha desbordante embriagara tu corazon,
pero algo impedira que tu felicidad sea completa.
Que? Indago Sara desconcertada.
Te daras cuenta que yo soy ciego...
Confundida y aturdida por semejantes palabras,
aunque lista para la operacion, Sara entro al quirofano.
 
Cuando desperto, todavia dolorida, abrio sus ojos y pregunto:
Donde estas mi amado?
Quiero cumplir el sueño de mi vida de ver
y ansio que vos seas lo primero.
David aparecio. Ella lo beso y le dijo: Sos hermoso!
Ahora podre servirte, ayudarte y darte todo lo que necesites. 
  
Pasaron las semanas y Sara descubria cada vez mas
lo que el maravilloso mundo ofrecia.
Estaba largas horas fuera de la casa.
Comenzo a estudiar y trabajar y;
consecuentemente, a descuidar a su esposo.
El, con su inteligencia y sensibilidad, se daba cuenta
que el era un peso para ella.
Las cosas habian cambiado y para mal.
El amor intenso que ardia solo unos meses,
rapidamente se apagaba. 
  Y ocurrio lo previsto.
Una noche llego Sara y se encontro con la casa vacia
y una carta sobre la mesa.
En ella, David le agradecia por los lindos momentos vividos juntos
y le expresaba con sinceridad que el queria el bien para ella,
por eso era conveniente que siga su camino sin el,
ya que se habia transformado en una pesada carga.
Tal vez podia Sara encontrar a alguien con quien cumplir
sus nuevos objetivos de vida.
Ella lloraba desconsoladamente ya que entendia
la veracidad del mensaje, su error garrafal
y a quien habia perdido.
Las lineas seguian resumiendo de forma admirable el pasado juntos,
el presente separados y el futuro incierto.
 
Sara era toda congoja y desconcierto,
pero aun no habia llegado al final de la carta.
Siguio , entre suspiros y lagrimas, hasta que leyo el PD. que asi versaba:
 
"Yo no creo que pueda nuevamente amar a alguien como a ti.
Aunque se que nadie podra amarte como yo lo he hecho.
Por favor cuidate mucho a vos, a tu alma
y sobre todo, a tus ojos, ya que alguna vez,
no hace tanto, fueron MIOS..." 
 
 
 
 
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