Anhelos y propósitos

Siendo niño pronto dejé de ser específico en los regalos solicitados a los Reyes Magos debido a que, les pedía una cosa y generalmente me traían otra. Lo cual no me afectaba significativamente porque mi mentalidad infantil e inocente consideraba que en una familia tan numerosa como la mía resultaba complicado que esos señores barbones y bigotones fueran selectivos, y, aun magos, una noche no les era suficiente para atender a la medida a la gran prole.

Solamente ponía mi zapato por la noche junto con la ilusión de encontrar algo a su lado unas horas después. Y al amanecer recibía los regalos y agradecía al cielo lo recibido, para, acto seguido, voltear a la tierra y experimentar múltiples emociones al ver los obsequios que mis hermanos y primos habían recibido.

Hoy pienso que fui afortunado al no obtener todo lo que pedía. ¿Por qué? Porque tal cosa me permitió experimentar a temprana edad una importante gama de sentimientos que pronto aprendí a manejar, los cuales iban desde la envidia al ver que el otro recibió el juguete que yo anhelaba, hasta la alegría cuando comenzábamos a prestarlos y compartirlos, pasando por los derivados de los respectivos procesos de negociación: empatía, enojo, solidaridad, cooperación…: “Te cambio este por aquel”. “No, porque el mío está mejor”. “Bueno, sólo préstamelo un rato”. “Está bien”.

Ahora que soy adulto me pasa con los Reyes Magos algo parecido: les pido una cosa y me traen otra. El año pasado les pedí plata y me trajeron trabajo; les pedí dicha y me trajeron salud; les pedí momentos de alegría y me trajeron nuevas amistades; les pedí paciencia y me trajeron problemas; les pedí por los pobres y trajeron más; les pedí buen trato para la infancia y me trajeron varias invitaciones para promoverlo…

Lo bueno es que desde niño aprendí a sacarle provecho a lo recibido y a transformarlo en lo deseado en lugar de instalarme en la queja eterna por lo que no me obsequiaron.

¿Qué les pido para este año? Elecciones limpias, campañas modestas, candidatos responsables, inteligentes y visionarios, políticos realmente políticos, es decir, representantes nuestros, participación ciudadana, menos impunidad, más empleos, mejores sueldos, menos pobreza; paz, justicia, solidaridad, honestidad…

Será necesaria mucha magia para que tales cosas sucedan, ¿quién habrá de ponerla? Los Reyes Magos, o sea, nosotros. Porque se acabó la edad de la inocencia. Se acabaron también los días en que podíamos pedir y esperar pasivamente los regalos que otros nos daban. Ahora nosotros, los adultos, somos los otros. Ahora nos toca devolver lo recibido, nos toca pedir al cielo al mismo tiempo que nos ponemos a trabajar para que tal cosa suceda en la tierra.

Que haga más quien más pueda. Que dé más quien más reciba. Que proponga más quien más sepa. Que exija más quien más cumpla. Que ría más quien más ame. Que viva más quien más sirva. Son mis anhelos, son mis propósitos; más los indispensables del indispensable Joaquín Sabina: Que ser valiente no salga tan caro. Que ser cobarde no valga la pena.

Ah, y que en ese proceso no nos encuentre una bala.

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Comentarios

  • Realmente es el deseo de todos  que no nos encuentre una bala.

     

    Saludos a todos.

  • muchas gracias por compartir esto, muy objetivo. saludos. Asi sea.

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