Conforme los meses han ido pasando, me he dado cuenta que estar divorciada es un asunto serio, y no porque antes no lo haya considerado, sino porque verdaderamente, lo difícil no es salir del "sublime estado del matrimonio", sino del estado devastado en el que se termina cuando "aquello de estar casada" se deja atrás. El tomar los pedazos, los restos que quedan de un alma desecha, tratar de pegarlos aunque sea con cinta adhesiva y seguir andando en este camino llamado vida, no es tarea fácil. Considerando que antes de casarse uno era de determinada manera, que los años de desgaste matrimonial terminaron con la propia identidad, con la autoestima, con la imagen, las amistades, el bolsillo y otras tantas secuelas residuales de una malograda vida en común; tomar en las propias manos lo que uno había cándidamente depositado en alguien a quien se le entregó la vida, el tiempo, el dinero y el esfuerzo, se vuelve una tarea titánica. Pocos lo logran, es más fácil permanecer en la depresión que en la renovación de la propia estructura.
La vida, fluye y fluye a veces sentimos que lento, otras, que demasiado rápido, pero de alguna manera nos sentimos con el impulso de ganarle a la corriente, de tratar de tomar todos esos pedazos de lo que queda de nosotros y volver a comenzar la carrera hacia la auto realización. Dentro de ese esfuerzo se encuentra, por supuesto, el amor.
Si hay algo que nos ocupa y nos preocupa, es el amor, primero, al inicio de todo el vericueto de trámites, cambio de casa, sacar las chivas y todo lo que conlleva dejar el nido, apenas y tenemos tiempo de darnos cuenta que nos hemos quedado solos, que la estabilidad que nosotros pensábamos que tendríamos "hasta que la muerte nos separe" se acabó, que de aquello sólo queda el recuerdo y a veces ni eso; cuando por fin logramos sacar la cabeza del torrente de problemas y soluciones que nos plantean las circunstancias, comenzamos a darnos cuenta que la soledad golpea nuestro rostro como si del peor enemigo se tratara, y el pensamiento se agolpa en las sienes y pensamos una de dos, o un "no quiero estar solo", o tal vez el lógico, "más vale solo que mal acompañado". No obstante cualquiera de los dos pensamientos, la pregunta obligada es ¿y si nadie me vuelve a querer nunca? ¿y si no vuelve a haber piel junto a mi?, y si, y si, y si... Es entonces cuando decidimos lanzarnos a la búsqueda de nuestro mayor anhelo, un amor.
Existen muchas tácticas para encontrar al amor, desde el "presentame a alguien" hasta el acudir a las redes sociales, tratando de poner solución a nuestra situación de la forma más airosa posible, ver, sin ser visto.
Las redes sociales ofrecen el foro adecuado para tratar de buscar lo tan ansiadamente anhelado, una persona a quien amar y que nos ame. Pones una fotografía, llenas unos cuantos formularios y listo, tu perfil estará a la vista de cuanta persona hayas dejado pasar por los filtros de la configuración, te verán y te contactarán. Simple. No, no lo es.
Las redes sociales ofrecen la oportunidad de, por medio de un clic, encontrarse con alguien, que está en la misma búsqueda, lo que conlleva una falsa confianza o peor aún una terrible desconfianza de que todo el que está del otro lado, piensa como yo, siente como yo. El miedo y la emoción invaden cuando hay algún contacto en particular que te escribe y repite al día siguiente... haz hecho un amigo que se puede convertir en ese alguien tan esperado, sin embargo, no siempre es tan fácil. Cuando el fenómeno de las redes sociales alcanza a una persona sola, puede convertirse en su mejor aliado o en su peor pesadilla, buscar el amor en internet no es algo garantizado, es riesgoso si no se toman las precauciones necesarias. Pero una vez salvando todo obstáculo inicial, el clic te puede llevar a la gloria o a la depresión, por la simple y sencilla razón que te conviertes en un clic, con un clic te contactan, con otro clic te emocionan y con otro, más tarde, te borran. Qué ingrato puede ser ese medio. El amor, se puede convertir en un hermoso milagro o en tu tormento más desastrozo, "el usuario que has contactado te ha bloqueado". No quiere hablar contigo, y aunque se vieran y tuvieran un encuentro maravilloso, si te bloquea, ya no hay marcha atrás, nunca te explicarás el por qué, no importa cuántas conjeturas saques, simplemente te borraron o te bloquearon o no te contestan y no hay forma de volver atrás. La desolación te vuelve a invadir.
Amor se escribe con S de soledad, buscamos y buscamos y nunca encontramos, y cuando encontramos, nos aterra que nos lastimen y damos dos pasos adelante y cuatro para atrás.
Internauta que me lees, (espero que alguien me esté leyendo) si tu búsqueda es la mía, si lo que deseas es ser feliz y piensas que lo tuyo, lo tuyo, son las redes sociales, inténtalo, no pierdes nada, sólo no olvides que no tratas con una computadora, sino con un ser humano como tú, con miedos, con indecisiones, con dolor y humanidad vastas e incomparables, comprende, ten paciencia, bájale a tus aspiraciones, porque si no, puedes terminar más solo de lo que comenzaste. No bloqueéis para que no seáis bloqueados.
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