Por: Marcela De León
Cuídate cuando haces llorar a una mujer, pues Dios cuenta sus lágrimas
Jamás imaginé que un día yo escribiría este artículo, llorando. Jamás imaginé ser una mujer maltratada, a la que el hombre que decía amarla, quiso matar.
Se han escrito ríos de tinta sobre los feminicidios, las muertes por la guerra contra el narco, la delincuencia generalizada. Sin embargo, la primera fuente de todo ello es la violencia intrafamiliar, aquella que es ejercida por un agresor que tiene o haya tenido una relación de hecho con su víctima, vivan o no en el mismo domicilio.
Hace aproximadamente tres meses, sin razón alguna (¿puede haber razón en un crimen?) mi pareja sentimental durante más de 4 años, Jorge Ignacio Cervantes Rodríguez, me golpeó con saña y alevosía, hasta casi matarme. ¿Locura? ¿Drogas? Nunca lo sabré. Sólo sé lo que sufrí, y que en ese momento, vi el rostro del diablo. Escapé por un milagro, gracias a que pedí auxilio a un eminente doctor conocido mío, que vive por la zona donde fue el atentado, y a quien le estaré eternamente agradecida.
Duré casi 30 días hospitalizada, sufrí traumatismos múltiples; todo mi cuerpo, desde la cabeza a los pies, era un solo hematoma. Costillas rotas, esguince cervical...y el corazón hecho añicos. Por golpearme repetidamente la cabeza contra el piso cuando me tenía tirada, tuve edema y hemorragias cerebrales que pudieron dejarme ciega y por las que todavía no puedo enfocar correctamente. No sabemos si habrá secuelas irreversibles. Y como si todo eso fuera poco, debido a la rodilla que él presionó contra mi vientre para inmovilizarme (¿de dónde sacan toda esa ira y esa fuerza?), o no sabemos si al estar inconsciente me pateó, los golpes en el abdomen me provocaron una hemorragia interna y parálisis intestinal. Empecé a vomitar sangre y tuvieron que operarme de emergencia o me moría en menos de una hora. Mis hijos, mi familia, enloquecidos de dolor. Sin embargo, mi fortaleza interior y el amor de mi familia y amigos dieron frutos: ¡me salvé! en algo que los doctores (más de 4 diferentes especialistas) sólo pueden calificar como milagroso. Tuvieron que cortarme más de 20 cms de intestino y hacer una reconexión de los extremos. Estuve abierta en canal con 30 grapas desde lo alto de mi pecho hasta abajo del ombligo y la cicatriz y los músculos que la rodean, a causa de la distensión abdominal, quedaron como unos grandes nódulos dolorosos, como marcas indelebles. Tendrán que pasar seis meses para saber si mi función intestinal volverá algún día a ser más o menos regular. Cualquier emoción me provoca diarreas constantes que me tuvieron deshidratada, con la presión bajísima y sumamente débil. Perdí más de 15 kilos y no tenía fuerzas ni para levantarme de la cama. Y todo eso, sin contar la tortura para poder canalizarme y ponerme un catéter al corazón. Me pusieron sondas por todos lados. Tuvieron que torturarme, pincharme, picarme, abrirme, cortarme...para salvarme la vida, esa vida que él quiso arrebatarme, sin ninguna justificación, sin ninguna agresión física de mi parte, estando completamente desarmada, indefensa y en su territorio.
He tenido mucho miedo. Si. Quiero olvidar para siempre el infierno al que me arrojó. Quiero dejar atrás las pesadillas donde sólo veo su cara con los ojos desorbitados mientras me estaba estrangulando. En mi cuello todavía están las huellas de sus manos al ahorcarme; esas manos que antes me acariciaban y después me golpearon y estrangularon hasta perder el sentido…hasta casi matarme. Hoy estoy en un largo proceso de recuperación, con medicamentos, fisioterapia y apoyo psicológico para superar el horror. Ése es sólo el recuento de los daños físicos y emocionales; pero, ¿y qué hay de la justicia? Hoy podría estar muerta y “la ley y las autoridades” en este país parece que no hacen nada. Todo transcurre en el repetitivo y demagógico discurso, reproducido hasta el hartazgo, de “estamos buscando la paz en el país; la guerra contra el narco y la seguridad de las familias mexicanas es nuestra principal preocupación…” Yo me pregunto, y te pregunto a ti, lector, lectora, ¿dónde empieza la violencia?
Estoy convencida de que inicia en la familia, con las actitudes misóginas con las que, paradójicamente, “educamos” a nuestros hijos; con la sobreprotección o la negligencia, con el permisivismo, la falta de valores, el consumo de drogas por los chicos incluso antes de llegar a la adolescencia. Ese machismo en México está presente no sólo en los agresores, sino en los que se dicen “nuestros aliados”: los abogados defensores (?),muchos Ministerios Públicos, médicos legistas o agentes judiciales. Muy pocos parecen estar del lado de una mujer maltratada. A veces, hasta algunos conocidos nos dan la espalda con su doble moral, diciendo que lo que nos pasó fue por estúpidas, por nuestros errores, por enamorarnos de quien no debíamos; por tradiciones absurdas y retrógradas…o quizá, es solamente por su propia impotencia y dolor ante el nuestro.
Sin embargo, aún ahí hay luceros. En mi caso, he sido apoyada y acompañada por mujeres extraordinarias, como la Lic. Lucero Benítez Villaseñor, Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de Morelos, quien me remitió a la CNDH y a la Comisión de Derechos Humanos del D.F. Ahí, la persona asignada a mi caso, ha sido un verdadero ángel de la guarda, acompañándome e informándome en todo momento del proceso, con una sensibilidad y empatía que casi nunca esperamos de los servidores públicos. De la misma manera, abogadas como la Lic. Lupita Díaz, Auxiliar de Ministerio Público y encargada del Instituto de la Mujer, en Xochitepec, Mor., y doctoras como Blanca Andrea Vega Vargas, médico legista de enorme prestigio en Cuernavaca, de pronto se enteraron de mi caso y acudieron a brindarme su soporte; amigas nuevas que parecen haber sido convocadas por el mismo fuego, por la misma llama, y que hoy son brasas de mi hoguera, dándome la confianza de que pronto se hará justicia y mi agresor rendirá cuentas. Sin todas ellas, sin el sensible acompañamiento de la Comisión de Derechos Humanos -que yo he comprobado-, las mujeres que sufrimos este tipo de violencia nos sentiríamos totalmente solas, abandonadas, desoladas; sí, en un mundo sin sol.
En vista de que el atentado fue en la Ciudad de México, tenía que levantar ahí mi denuncia, y ya golpeada, herida, me hicieron pasar por un recorrido espeluznante por Agencias del Ministerio Público y Hospitales de Salud del Distrito Federal donde la atención es nula, por decir poco. Maltratada y con hemorragia cerebral, me trajeron de un lado a otro, porque los médicos legistas requerían una tomografía. Sólo que resulta que en ningún Hospital público del D.F. había aparatos para realizar ese estudio o neurólogos para interpretarlo, y no aceptan los de los Hospitales privados. Después, ya no hubo forma de regresar y realizarlo: me estaba muriendo. Ésa es sólo una de las causas por las que, los seudo abogados que sólo nos sacaron dinero, dicen que el caso no avanzaba. Era la atención médica urgente para salvar mi vida, o la denuncia, así me muriera. Inconcebible ¿no? Yo lo describiría como algo completamente surrealista. Pero si yo fuera la hija de un político o de un gran empresario, o simplemente una vedette que vende revistas o periódicos por la nota amarillista, sí que le hubieran dado seguimiento y atención.
Han pasado más de tres meses, y entre el burocratismo, la indolencia, la apatía o la corrupción por parte de los encargados de “hacer justicia”, el agresor sigue suelto, paseándose por las calles, teniendo amantes –a quienes seguramente un día también golpeará y quizá mate-, en fiestas, divirtiéndose con sus amigos en veleros, en el campo, con el descaro de subir sus fotos a internet, como una burla de lo que él sí puede hacer mientras a mí me dejó rota. Él sigue su vida como si nada hubiera sucedido, lleva a su hija a todas sus actividades, como si no hubiera hecho nada (¿habrá pensado en algún momento que su propia hija también es mujer?), y manipulando a su familia con mentiras, esa familia que dice quererlo, pero que no ha podido contenerlo ni demostrarle su amor al seguir protegiéndolo y solapándolo en lugar de internarlo en un psiquiátrico para que no siga haciendo más daño, ni a él mismo ni a los demás. Mi agresor tiene una historia de adicciones y consumo de drogas y alcohol de prácticamente toda su vida. Cuando nuestros caminos se cruzaron, estaba "limpio" y jamás me imaginé que algún día cayera hasta estas profundidades. Sin embargo, como me dijo Lucero Benítez Villaseñor: “que te sirva de consuelo pensar que él está en su propia prisión sin barrotes, tocando las profundidades de su oscurísimo interior; preso de sus propios demonios”. Porque aunque tenga el mínimo de conciencia, esa conciencia lo atormentará por lo que hizo, hasta el último día de su vida.
Actualmente, el proceso de la Averiguación Previa se lleva a cabo en la Agencia del Ministerio Público Tlalpan I, donde, ya con el permiso de mis médicos y con todos los cuidados que todavía requiere mi condición, pude acudir para realizar personalmente las diligencias que no se llevaron a cabo mientras estuve tan grave. Tuve que hacerlo, porque fui víctima de mi agresor, y después victimizada por el sistema judicial. Sin embargo, confío en el Director de esa Agencia, Lic. Sergio Ortega, y en la Lic. Olga Nájera, asignada a mi proceso, para que éste se lleve, ahora sí, de forma correcta, expedita y justa. En servidores como ellos y como la Dra. Diana Montero, de Servicios Periciales en el D.F., es en quienes depositamos nuestra confianza, nuestro anhelo de justicia, nuestra esperanza, todas las mujeres maltratadas, para demostrar que México está cambiando y que sí es posible hacer justicia sin recurrir a la corrupción, independientemente de la condición social y económica de las víctimas. Confiamos en que no es una utopía encontrar servidores públicos con ética, responsabilidad y profesionalismo.
Mi viacrucis es poco comparado con el de otras miles de mujeres. Lo sé. Hoy entiendo, muy dolorosamente y en carne propia, porqué hay tanta desesperación en las mujeres maltratadas, ésas a quienes yo visitaba e intentaba ayudar como voluntaria del DIF, y a las que quise convencer tantas veces de que denunciaran los abusos de los que fueron víctimas. Hoy comprendo la razón por la que se niegan a denunciar: porque es someterse a un desgaste terrible, de todo tipo, físico y emocional, a la que pocas pueden enfrentarse. Hoy, yo quisiera ser la voz de todas ésas que han sido víctimas de la violencia, de hombres que las han golpeado, lastimado, insultado, violado…matado. Las mujeres tenemos que decir la verdad y denunciar, a pesar del burocratismo, lentitud y absurdo proceso del sistema judicial mexicano; a pesar de la mirada y el tono burlón o justificador que se asoma detrás de frases pronunciadas por la familia o amigos del agresor, como “tan loca la una como el otro; si lo denuncias aténte a las consecuencias; algo debiste hacer para que te golpeara, etc., etc.” Es ¡indignante! que aún con pruebas contundentes, la sociedad intente convertirnos, de víctimas, en provocadoras, en verdugos. Es cierto que no podemos generalizar, pero en los casos concretos de mujeres violentadas, golpeadas o asesinadas, estos argumentos son maniqueísmo puro. Nosotras no fuimos quienes intentamos matar a otro ser humano…tal vez, sólo estuvimos locas al acercarnos a la dependencia o a un “amor” que mata. Lo más grave es que estos argumentos o sarcasmo son empleados a veces por nuestros mismos “defensores”, que dicen puerilmente “son peleas de pareja; ésa es su versión; hay que oír la de él” y muchas tonterías más por el estilo. Quién sabe qué habrá detrás de la biografía personal de un hombre que puede expresarse así. Las relaciones interpersonales son lo más complejo en el engranaje de la civilización, y desgraciadamente, los celos, las peleas de pareja, entre amigos, entre hermanos, incluso entre hijos y padres, siempre han existido, pero nunca, nunca, debe llegarse a la violencia física, salvaje, alevosa, vil, cobarde; a un intento de asesinato. Por eso, las mujeres tenemos que armarnos de paciencia y perseverar, insistir, aún a costa de lo desgastante y muchas veces humillante que es esta experiencia. Debemos hacerlo, no por venganza -que mantiene la historia abierta para siempre-, sino por justicia -que cierra al fin el Capítulo-. Debemos hacerlo para que otras mujeres se identifiquen y se protejan, y la humanidad entienda que nadie más fuerte puede abusar del más débil, que los cobardes tienen que hacerse responsables de sus actos, para crear sociedades más libres y más vivibles.
Vulnerable, endeble, víctima indefensa; así se siente una mujer cuando le dispara balas –en todas las formas imaginables- el hombre al que amó. Eso es lo que buscan los hombres golpeadores: que las mujeres, así seamos pisoteadas, anuladas, heridas y llevadas a los límites de la locura, sigamos diciéndoles sin condiciones: “te amo, te perdono". Ésa es la forma más antigua de esclavitud y trato denigrante hacia otro ser humano: el que le dan estos tipos a la mujer. No hay ningún motivo, ninguna excusa, que justifique la violencia, y menos hacia un ser más frágil físicamente, hacia una mujer.
En uno de los Encuentros Internacionales sobre la Mujer, se expuso que lo peor que puede pasarle a un ser humano es ser pobre, víctima del racismo ¡y mujer! ¡Qué lamentable! En pleno siglo XXI, donde se supone que el progreso, la igualdad y la justicia se desarrollen. ¡Cuánto nos falta para ser un país y un mundo verdaderamente desarrollado! Es decir, por fonética y metafóricamente, dejar de ser un arroyo, contenido por la corrupción, la impunidad, la apatía, la ignorancia, la prepotencia y la misoginia, para convertirnos en un océano sin límites. Ese océano al que todos estamos llamados a ser desde que nacemos, sin importar nuestro género.
Por eso, ¡Ni una más! ¡¡Nunca más!! El hombre es más fuerte físicamente y muchas veces abusa de ello, pero las mujeres somos mucho más fuertes emocionalmente ¡Y sobrevivimos! Por nosotras, por nuestros hijos, para denunciar a los cobardes que, no sólo golpean y matan a la fuente de la vida: la mujer, sino que después se esconden, mienten, lo niegan. Pero eso puede cambiar muy pronto si cada una de nosotras cambiamos; si sacamos fuerza de nuestra flaqueza, si dejamos de tener miedo y reconsideramos nuestro propio valor, si dejamos de exponernos ante seres que no merecen ni siquiera ser contados entre los humanos. Ninguna mujer debe arriesgar su integridad y su vida por algo que creyó que era amor. Ningún hombre puede atreverse a ponernos un dedo encima. Las mujeres debemos fijarnos con quién nos involucramos, a quién nos entregamos, porque los locos, misóginos y adictos abundan en un mundo cada vez más violento y desbordado. El día que dentro de los hogares formemos personas íntegras, con cimientos firmes, con honor, habrá más hombres verdaderamente valiosos, y los cobardes tendrán su merecido, para que ninguna mujer vuelva a tener miedo de un hombre violento.
Hace poco, en la FIL de Guadalajara, la escritora Herta Müller dijo que “ningún hombre, por más que nos haya maltratado, por siniestro y cruel que sea, nos podrá arrancar nuestro valor y las ganas de vivir y crear...aunque las pesadillas nos persigan…”, aunque hayamos quedado marcadas, esas marcas son huellas de nuestra victoria. Ahí radica nuestra esperanza.
Yo estoy viva después de esta terrible experiencia, y el miedo se aleja cada día que pasa. Pero millones de mujeres no lo están, o han quedado paralizadas, física o emocionalmente, muertas en vida para siempre. Esto debe detenerse. Todas y todos debemos detenerlo para que, como dijo Arturo Pérez Reverte, "la mujer no siga siendo un soldado perdido en territorio enemigo". Nunca había aplicado tan bien una frase: yo comprobé, muy dolorosamente, como tantas otras mujeres, que esa noche, en su casa, fui un soldado perdido -e indefenso- en su territorio...enemigo.
Ya es hora de que demos un paso adelante para que cese la violencia, aquella que sigue ocupando el primer lugar en todos lados: la violencia de género, la violencia contra la mujer.
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KONIGSTEIN, 30 Oct. 12 / 02:05 am (ACI/EWTN Noticias).- Los laicos católicos de Zambia, en África, han asumido la defensa de diversas mujeres que han sido acusadas en sus comunidades de participar en rituales de brujería, evitando así que sean asesinadas por los pobladores locales.
Las acusaciones de brujería se originan en que sobre los poblados ocurrieron graves enfermedades, muertes y otros serios problemas, que los habitantes suelen relacionar a la práctica de magia, y creen que la forma de detener sus desgracias es matando a las supuestas brujas.
En declaraciones a la organización internacional Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), el Arzobispo de Kasama (Zambia), Ignatius Chama, destacó la creciente participación de los laicos en la dirección de proyectos de justicia social, ayudando de forma particular a las mujeres acusadas de brujería.
Mons. Chama señaló que las mujeres acusadas de brujería suelen ser golpeadas, como mecánica para obtener la confesión de sus supuestos crímenes, mientras que sus cultivos, animales y otras posesiones son confiscadas.
El Prelado indicó que “la cacería de brujas es aún un problema grave en la mayoría de las comunidades”.
En junio de 2011, Ketha Chungu, una mujer de 40 años, fue golpeada hasta causarle la muerte, al ser considerada sospechosa de haber matado a una niña de tres años con rituales mágicos.
Mons. Chama señaló que tienen “equipos de Justicia y Paz, que están tratando de concientizar a la gente, creando conciencia sobre este tema”.
El Arzobispo africano indicó que la superstición es el origen del problema de la cacería de brujas, por lo que remarcó la importancia de aumentar la catequesis, para que la gente se acerque a Dios en épocas de sufrimiento y no crean que sus problemas son causados por la brujería.
“Estamos logrando resultados, pero (la creencia en la brujería) está enraizada en la forma como la gente responde a los problemas del sufrimiento”, indicó.
“Cuando un cristiano enfrenta problemas, la forma en la que enfrenta esos problemas suele ser similar a cómo lo hacían nuestros ancestros”, dijo.
Mons. Chama explicó que “en el tema de la brujería y la cacería de brujas, cuando los pobladores enfrentan el problema de la enfermedad, el problema de la muerte, ellos prefieren realizar una cacería de brujas, como una explicación a esos problemas”.
Por ello, el Prelado destacó el trabajo de los laicos católicos en la protección de las mujeres acusadas de brujería, principalmente recurriendo a la legislación de Zambia.
“Creo que estamos logrando algo, porque ellos están invocando a la ley civil, a la policía, a los jueces, porque, por supuesto, en nuestro país hay una ley sobre brujería, y nuestra gente de Justicia y Paz están invocando esta ley, y educando a la gente sobre esta ley”, dijo.
Según la ley de Zambia sobre brujería, cualquiera que acuse a otra persona de ser un brujo o bruja, o de causar la muerte, herir u otro daño de forma sobrenatural, puede ser multado o encarcelado hasta por un año.
Aquellos que clamen ser quienes encuentran a brujas, o que tienen poderes sobrenaturales, para causar miedo o provocar daños, también pueden ser castigados por la ley.
Mons. Chama manifestó estar seguro de que “los laicos están haciendo un progreso, excepto en algunas comunidades que son muy remotas de las áreas urbanas”.
“Son los laicos quienes dirigen los trabajos de Justicia y Paz en nuestras dos diócesis de Kasama y Mpika, que hemos ubicado en el departamento de Cáritas”, indicó.
El Arzobispo de Kasama aseguró que “la gente en las parroquias son los que están al frente, moviendo todos los programas hacia adelante”.
Etiquetas: Iglesia Católica, África, Superstición
y no nada más tu sino en todo el mundo basta de la violencia contra la mujer, les comparto este reportaje.
Por supuesto que puedes publicarlo en tu face, amiga!! Ya llegó la hora de romper el silencio! Necesito difundirlo por todos lados. Ahora sí reanudo mi campaña. No es difamación ni calumnia, pues el tipo ya tiene una orden de aprehensión y es prófugo de la Justicia! Lo logramos!! Ahora sólo hay que encontrarlo...y para eso, NECESITO DIFUNDIRLO!! Te lo agradezco desde el fondo de mi corazón. Un abrazo Ah! si quieres agregarme a tu face, estoy como Mar De León
Estare orando por que se haga justicia,puedo publicarlo en mi face?
Me has puesto la carne de gallina aunque a menor escala yo tambine he sido violentada es necesario seguir remando a contracorriente para mostrar a todos que no somos un Objeto de 3ra.
Abrazos y Besos
Hola porque no mandas tu caso al programa de Adela Micha ella es una Feminsita, al Programa de
quetal Fernanda son feministas, estoy segura que puedes hacer algo yo lo mandaria al Gobernador de Morelos y si es posible a su esposa ,
Gracias a todas por sus comentarios y su empatía. De eso me nutro ahora. Y sí, desde que salí del hospital y dejé de estar sedada, inicié psicoterapia y también apoyo psiquiátrico, ya que en mi caso, por ser el intestino el órgano que sufrió la resección, me tienen que dar medicamentos para que el stress no afecte la recuperación. Sublimar el dolor es justamente lo que hacemos a través de estas redes: TRASCENDER, ir hacia la otra, para que el dolor padecido no sea estéril. Espero que muy pronto pueda darles la buena noticia de que mi agresor ya está en la cárcel!! , y que esto les sirva a muchas otras mujeres y se decidan a demandar. Besos mil!!
No tengo palabras.. muy triste tu situacion, pero sabes? Dios esta contigo....dedicate a tus hijos, a ti..y deja todo al tiempo que ese desgraciado tarde que temprano pagara lo que hiso....SE FELIZ !! toma terapia que muhca falta te va hacer, yo se que en este blog encontraras muchas amigas que estaremos dispuestas a escucharte, moralmente tienes mi apoyo Marcela DIOS TE BENDIGA!!!
Me ha dejado sin palabras...verdaderamente siento todo lo que le esta pasando,porque soy mujer y me pongo en sus zapatos, debio de ser horrible el momendo de la agresion,desafortunadamente muchos de estos casos quedan sin resolver,es una triste ralidad en nuestro pais...gracias a DIOS esta viva de milagro y vive para conrarlo,ojala a muchaas mujeres que la leen les sirva su mala experiencia y tomen la desicion de alejarse del hombre agresivo que tienen a su lado antes de que sea demaciado tarde....cuidese mucho y le deseo mucha suerte en que se resuelva su caso con la justicia,......hasta pronto,...
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