Cuando era niña, parecía muy lejano y hasta iluso el escuchar estas frases: “cuando tengas a tus hijos, vas a acordarte de mí”, “hasta que tengas hijos, vas a entenderme”.
Ni tan lejano y completamente cierto: además de tenerte a mi lado, recuerdo todo lo que me decías y te entiendo como no tienes idea. El convertirme en madre le cambió completamente el sentido a mi vida, como a la gran mayoría, y me hizo darme cuenta del gran abismo que existe entre el pensar de los hij@s y las mamás.
Como hij@, es muy fácil pensar que nuestra madre tiene qué tolerar todo lo que hagamos o dejemos de hacer.
No hacemos o dejamos de hacer por obligación, todo es por el amor que nos inspiran desde el momento de su concepción.
Como hij@, creemos merecer la mejor comida, las mejores prendas, los mejores juguetes, la mejor escuela, lo mejor de lo mejor.
Aunque no lo parezca, ése es nuestro objetivo, darles lo mejor de todo, de acuerdo a nuestras posibilidades, hasta con el riesgo de malcriarlos, pero siempre buscando el hacerlos felices.
Como hij@, al llegar a la adolescencia pensamos que están fuera de moda, en pensamiento y acción, que nunca nos entienden, que sería ideal que fuéramos mudas.
Probablemente tengan razón, no pensamos ni actuamos como ustedes, es complicado entenderlos y lo más fácil sería quedarnos calladas. Pero al importarnos ustedes más que nuestra propia vida, no cesamos en el intento de guiarlos: con palabras, con castigos, con regaños, sin importar las malas caras, groserías o el que nos ignoren. Nada de eso será más fuerte que su bienestar.
Como hij@, cuando decidimos dejar el hogar, nos sentimos liberados y creemos que ustedes también. No tenemos problema para dejar de saber de ti.
No nos sentimos liberadas, sino orgullosas porque sabemos que su partida es para emprender el vuelo y llegar lo más alto posible, eso quiere decir que hicimos bien nuestro trabajo. No queremos retenerlos ni que vean como una “deuda a largo plazo” el llamarnos o visitarnos, simplemente se les extraña y deseamos saber de sus alegrías y logros para felicitarlos, de sus tristezas y fracasos para reconfortarlos.
Como hij@, cuando formo mi familia, obviamente se vuelve mi prioridad y te dejo en el último lugar de mi vida, de mi agenda. Creo que mientras más pasan los años, es menos necesario que tengamos contacto.
Es una gran felicidad verte formar tu propia familia y el que se vuelva tu prioridad sólo demuestra que creciste con valores. No eres indispensable para mi vida, nadie los es, pero una llamada o visita de tu parte, representará siempre la felicidad y plenitud en mi vida.
Como hij@, cuando ya no estés, procuraré visitar tu lugar de reposo, llevarte flores, rezar por ti en las misas mensuales.
Tal cual dicen, en vida todo es mejor. No será necesario que me visites, que me lleves flores o que reces por mí cuando yo esté en un mejor lugar. De cualquier forma, dondequiera que esté seguiré a tu lado, cuidándote.
Ahora puedo entender que no esperas reconocimiento, ni siquiera gratitud.
Ahora puedo entender que tu mayor deseo sólo es vernos felices en todos los sentidos, cualesquiera que sean nuestras decisiones.
Ahora puedo entender que ser mamá es el mejor trabajo del mundo.
Ahora puedo entender tus enseñanzas, tus cuidados, tus palabras, tus silencios, tus consejos, tus regaños, todas tus acciones que son derivadas del amor incondicional que me tienes.
Ahora puedo entender que el sentido de esas frases nunca fue irónico o en venganza.
Gracias por enseñarme a ser mejor hija y una madre en constante mejoría.
Te amo mami.
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