A Claudia

Hoy te vistes  con la armadura mas reluciente y brillante,  ensalzado  con agallas   la intención de salir a combatir  ese inmenso  dolor, pero en el fondo , lo único que existe es una pequeña mujercita con miedo a gritar,  trémula de terror y llena de falsas esperanzas de poder todo cambiar, creyendo que tu  ultraje no es nada comparado  con la ilusa  osadía del amor , que todo lo puede y todo lo cambia.

Pero a solas refugiándote en tus pensamientos y sensaciones  , una y mil veces más te lames tus heridas, te aferras a la incertidumbre , lloras , pides , gritas  , suplicas  ser escuchada y comprendida, por la  misericordia divina,   porque al parecer ningún ser viviente  puede entenderlo, nadie puede comprender ni sentir este inmenso dolor que embarga tu alma.

Miras a través de la ventana, esperando encontrar a lo lejos  aquello que cure tu alma de tan tremendo  apego,  buscas salidas o nuevos caminos,  algo que pueda  llegar a regocijar tu corazón  y darle a tu  cuerpo ya tan destruido por  el desasosegado  amor, un poco de la tan anhelada calma;  aquel remanso de paz que en un tiempo atrás existió en ti,  y que esta  extraviado por ese frenesí   instaurado en el más profundo escondrijo del alma, tanta congoja  te ha   paralizado  y  perdido en las penumbras más obscuras de tu mente ya enajenada de la más perversa manipulación.

Yo le llamo el alcoholismo del  alma , porque sabes  que te hace daño , que te  destruye, pero sigues  adherida  a ese terrible y despiadado  sentir, lo piensas  , lo analizas, lo desmenuzas , lo digieres  mas sin embargo  al final de toda una parafernalia de ideas, verborrea  irrisoria y convicción fallida, terminas  sintiéndote culpable y  justificando  tu  terrible dependencia  a la bestia  depredadora, a ese que tanto te  ha dañado , te  daña y te dañara.

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