A CIERTA EDAD

Dicen que a cierta edad las personas nos hacemos invisibles, que nuestro protagonismo en la escena de la vida declina y que nos volvemos inexistentes para un mundo en el que solo cabe el ímpetu de los años jóvenes.

Yo no sé si me habré vuelto invisible para el mundo, es muy probable; pero nunca fui tan consciente de mi existencia como ahora, nunca me sentí tan protagonista de mi vida y nunca disfruté tanto de cada momento de mi existencia.

Descubrí que no soy perfecto, descubrí al ser humano que sencillamente soy; con sus miserias y sus grandezas.  Descubrí que puedo permitirme el lujo de no ser perfecto, de estar lleno de defectos, de tener debilidades, de equivocarme, de hacer cosas indebidas, de no responder a las expectativas de los demás.  Y, a pesar de ello, quererme mucho.

Cuando me miro al espejo ya no busco lo que fui... sonrió al que soy... Me alegro del camino andado, asumo mis contradicciones.  Valoro lo recorrido; tan mal no me fue...  ¡Estoy acá!

¡Qué bien vivir sin poner el listón tan alto!  ¡Qué bien no sentir ese desasosiego permanente que produce correr tras los sueños!

"La vida es tan corta y el oficio de vivirla es tan difícil, 
que cuando uno comienza a aprenderlo, ya hay que morirse".

(Desconozco el autor)

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